Incumplir el objetivo del déficit

Viernes, 18 de mayo de 2012

Después de la reunión del Gobierno ayer con las autonomías me creo aún menos que se vaya a cumplir la reducción del déficit al 5,3% en 2012.

Veamos. Si el año pasado se ahorraron sólo 7.000 millones y el déficit se situó en el 8,5%, ahora hace falta ajustarlo aún en 3,2 puntos que sumados al 1,7% de caída del PIB pronosticado por el propio Gobierno, hacen un total de casi el 5% de reducción real, o lo que es lo mismo 50.000 millones de ajuste. Esto constituye una labor inviable.

Si el Gobierno sólo reduce 27.000 millones el déficit según lo anunciado por el Ministerio de Hacienda y las autonomías asumen otra reducción de 18.449 millones (según anunciaron ayer) suman un total de 45.500 millones de ajuste frente a los 50.000 garantizados ante Bruselas.

Es decir, de cumplirse dichas previsiones quedaríamos a unos 5.000 millones del objetivo real, pero como una cosa es lo que se escribe sobre el papel y otra la realidad, los 5.000 millones de incumplimiento podrían realmente ser una cifra mayor aún si la caída de los ingresos sigue la misma tendencia.

Solución para el Gobierno: subir el IVA a partir de septiembre. El incremento del 16 al 18% en 2010 supuso un incremento de recaudación de más de 6.000 millones de euros hace dos años, pero con lo maltrecha que está la economía y a sólo cuatro meses de concluir el año, aumentar dicho impuesto no representaría ninguna panacea y seguiríamos incumpliendo el objetivo.

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Estalisnao y Alejandro, dos estudiantes dispares

Jueves, 17 de mayo de 2012

Angela Merkel Y Mariano Rajoy

Imaginemos dos alumnos de 16 años, llamados Estanislao y Alejandro, que el año que viene cursan segundo de Bachillerato y que, por tanto, se juegan su paso a la universidad con el examen de selectividad por medio.

Estanislao y Alejandro son dos jóvenes normales a quienes les gusta disfrutar de las mismas actividades que a cualquier chico de su edad. Sin embargo, desde el punto de vista académico son completamente diferentes y a sus resultados me remito.

Alejandro es un chico aplicado que lo aprueba todo y con nota, porque es muy disciplinado en sus hábitos de estudio y no es de quienes se dejan todo para el final. Por ello, Alejandro reúne todas las aptitudes necesarias para poder acceder dentro de un año a la carrera universitaria que desee.

Al contrario de Alejandro, Estanislao lleva de cabeza a sus padres. No saben qué hacer exactamente con él para que pueda ser como dice su madre “un joven de provecho” con una carrera universitaria que le abra un horizonte laboral y personal deseado por cualquier padre o madre. Estanislao sí es de quienes se deja los estudios para el último día y así le va. Se entretiene con todo, con la televisión, con la consola, con tuenti y con cualquier otro ladrón de tiempo.

Sus notas académicas son totalmente mejorables y ponen en peligro su paso no sólo a segundo de bachillerato, sino a la selectividad y la Universidad.

El padre de Estanislao, de nombre Mariano, ha sido convocado a una reunión por el tutor de su hijo para tomar una decisión respecto al próximo curso, es decir, analizar juntos si es conveniente repetir curso o, por el contrario, pasar con el resto de sus compañeros al siguiente nivel.

El tutor asegura que si bien su hijo no está preparado para pasar de curso, a lo mejor repasando duro en el verano, sacrificando las vacaciones familiares, un cambio en los hábitos de estudio, limitar sus salidas con amigos y prácticas deportivas, así como incorporarle un profesor particular todos los días durante dos horas, podrían quizás conseguir que Estanislao se ponga ya no al nivel de Alejandro, sino al mínimo necesario para aprobar segundo de bachillerato y afrontar posteriormente la selectividad.

La otra alternativa es hablar seriamente con Estanislao y plantearle que la opción preferible es repetir curso. Aunque eso suponga tener nuevos compañeros, y ser el mayor de la clase, podría darle la dosis de confianza necesaria para que sin necesidad de dejarlo encerrado en casa estudiando hasta las tantas, pueda progresar más a su ritmo que al que lo hace Alejandro.

Mariano, padre del chico, está en un dilema. “¿Qué hacemos?”, le pregunta a su mujer mientras casi dormitan. Ella está preocupada en presionar demasiado a Estanislao por todos los sacrificios que tendría que hacer y por pasar de curso sin estar realmente preparado para ello. Sabe que su hijo está capacitado pero teme, como buena madre, que apretar en exceso al joven podría tener consecuencias mucho peores a las que el tutor había planteado a Mariano en la reunión matutina.

“Mariano –le dice su mujer- toma tú la decisión que tú sabes que yo no hice la selectividad y sabes mejor de qué va eso”.

Mariano está impaciente por ver a su hijo en la universidad y finalmente se deja llevar por las palabras del tutor.

Sin embargo, Mariano obvia una cosa muy importante. La capacidad de Estanislao es limitada porque es un joven de 16 años, que necesita madurar bastante, y a quien no se le puede inocular las lecciones de matemáticas, química o física por mucho que Mariano esté impaciente por ver a su hijo con el resto de compañeros entrando en la universidad.

La decisión de Mariano resulta fatídica. Tanta obligación y tanta presión terminan por convertir lo que parecía una solución en un problema mayor aún. El rendimiento de Estanislao en el curso siguiente será nefasto. Le faltarán horas de sueño, le sobrarán imposiciones, le faltará salir al cine con los amigo, le sobrará tanta penitencia, y lo que es peor no accederá al selectivo, ni a la universidad.

Estanislao será un joven frustrado tras las exigencias de su padre y a quien siempre le reprochará haberle estrujado tanto para quedarse además a medio camino de las pruebas examinadoras que le hubieran abierto paso a la facultad. Sin embargo, Estanislao no abdicará en sus metas personales y conseguirá ganarse la vida honradamente igual que su antiguo compañero Alejandro. La única diferencia entre ambos, haber elegido caminos diferentes.

 II

Todos nosotros conocemos de cerca a Estanislao y Alejandro, nombres ficticios para construir una parábola referida a España y Alemania.

Los economistas y los políticos tienden a manejar a los estados y a quienes vivimos en ellos como seres inertes similares a los chicles que toleran ser estirados por sus diferentes extremos para conseguir la forma que ellos desean. Pero se equivocan.

El alemán Friedrich Ratzel ya se refirió hace dos siglos a los estados como organismos vivos que necesitaban un entorno para seguir creciendo. Es conocida la metáfora de Ratzel comparando al estado moderno con la biología, y concretamente con las plantas o las personas, quienes necesitan un espacio vital (Lebensraum) para seguir creciendo.

Los estados también necesitan su “Lebensraum” para que sus individuos tengan su espacio vital de desarrollo, un horizonte personal donde nadie se sienta estrangulado y donde tenga posibilidades de valerse por sí mismo.

Pero en el punto en el que estamos actualmente, nada de esto me parece factible. Cada día que pasa hay una vuelta de tuerca más sobre el conjunto de una sociedad, la de los españoles, que lo único que quiere es prosperar, que la dejen en paz y poder salir adelante con sus familias.

Veinte años después del anuncio de un nuevo orden mundial por George Bush senior donde el fin de la guerra fría parecía también la conclusión de la idea de los estados-nación en favor de organismos supranacionales, al estilo de la Unión Europea, creo más bien que debe haber y, de hecho ya existe, una reivindicación absoluta del soberanismo en todas sus facetas porque el modelo que se ha pretendido imponer por parte de estados poderosos como Alemania o Francia en la UE colisiona con nuestros intereses y, sobre todo, con el estómago de los españoles.

Si no fuera porque podemos movernos libremente casi diría que España se ha convertido, junto con Italia, Portugal, Grecia e Irlanda, en una especie de ghettos económicos donde a quienes vivimos en ellos nos imponen unas condiciones de vida muy duras, irrespirables, que rozan o sobrepasan los insoportable y que están teniendo un impacto social tremendo.

El modelo de UE actual, nada democrático, donde las decisiones en lugar de emanar del parlamento europeo, lo hacen desde el despacho de la presidenta alemana, Angela Merkel, chocan de lleno con la idea de Unión Europea en la que aspirábamos estar.

¿Es eso verdaderamente lo que queremos todos nosotros? Merkel vela por los intereses de su país primero y por la estabilidad europea en segundo lugar. En España se nos vende que las durísimas medidas que están contribuyendo a la asfixia de los ciudadanos, a la caída del consumo, a que las empresas cierren, a que miles de personas queden en el paro, son necesarias. Pero, ¿por qué? ¿Acaso es dogma de fe?

Está claro que se han cometido errores, que nuestro sistema debe ser revisado, que muchos de quienes nos gobiernan o nos han gobernado han despilfarrado el dinero de todos, y ahora el peso de la responsabilidad cae sobre millones de familias, trabajadores y pequeños empresarios.

Parece que estar en el euro se haya convertido en patente de corso y quien lo rebata está cerca de rozar la herejía. Nadie se ha parado a pensar que los cinco países europeos que más acusan la crisis son precisamente aquellos que tienen al euro como moneda de curso legal, es decir, Portugal, Irlanda, Grecia, España e Italia. A otros países de la UE que no trabajan con el euro parece que no les ha ido nada mal dentro de lo que cabe, como son los casos de Suecia, Dinamarca, Polonia, Reino Unido, etc.

Por tanto, ¿por qué no se debate seriamente en el parlamento español y se somete a consulta a los ciudadanos las ventajas e inconvenientes de seguir con el euro? Los gobiernos de aquí, desde Zapatero a Rajoy, se han convertido en amanuenses de Angela Merkel y quieren ponernos al nivel de países como Alemania sin poder estarlo.

Como decía con la historia inicial, lo que es bueno para Alejandro no tiene porque serlo para Estanislao.

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Elecciones en Andalucía y lecciones de supervivencia política

Martes, 27 de marzo de 2012

José Antonio Griñán

La continuidad más que previsible de los socialistas andaluces en el gobierno de Andalucía plantea una serie de interrogantes que me interesa tratar de responder. Por ejemplo, ¿es normal o lógico en democracia que un partido político gobierne ininterrumpidamente durante 30 años? ¿Es sano para la propia democracia un hecho de estas características? ¿Es fruto este hecho de las imperfecciones de nuestro sistema electoral? ¿Falta mayor cultura democrática en la sociedad? ¿Qué hace un partido político para preservarse tantos años en el poder? Habrá quien diga que lo que sale de las urnas, por el hecho de hacerlo, convierte en democrática la acción de gobierno que le sucede. Sin embargo, las elecciones pueden ser democráticas, pero los modos y maneras del líder elegido pueden ser de auténtico déspota. Tengo la sensación, y a los hechos me remito, de que el electorado español muestra una madurez democrática bien diferente según vote en elecciones locales, autonómicas, o generales.

Es en éstas últimas en las que desde el año 1996 parece seguirse el mismo patrón de las democracias liberales modernas. Dos legislaturas del PP, dos del PSOE, y ahora de nuevo el PP. En los últimos años se observa un escenario donde la confianza de los electores hacia los electos no se suele renovar más allá de los dos mandatos, un primero basado en las expectativas generadas por quien acaba de entrar, donde se exige al gobernante, pero se le concede mayor margen, y un segundo mandato de gran desgaste, que suele conducir a la derrota.

Curiosamente todo esto no es reproducible en la política municipal ni autónomica española. Treinta años de socialismo en Andalucía, pero otras comunidades como la murciana, la castellano leonesa, o los casos de alcaldías como la de Valencia, son ejemplos claros de supervivencia política a quienes Bruce Bueno de Mesquita les ha dedicado su extraordinario y último libro, “The Dictator’s Handbook: Bad Behavior is Almost Always Good Politics”.

Resulta obvio que para mantenerse en el poder se requiere el apoyo de los demás. Pero este apoyo se obtiene cuando un líder ofrece a sus pilares esenciales, más beneficios de lo que podrían esperar recibir, bajo otro gobierno alternativo. Cuando alguien espera estar mejor bajo otro rival político, abandona al primero y se decanta por la nueva alternativa.

El oprobioso alcalde de la población zamorana de Peleas de Abajo, Marcelo Jurado, perseguido ahora por la justicia por convertir su municipio en el más endeudado de España, con una deuda de 18.000 euros por habitante similar a la griega, siguió este modelo y ganó elección tras elección porque llegaba a prometer a todos los vecinos que si le votaban, daría empleo a los hijos de sus fieles o haría determinados favores.

Cualquier dirigente político que quiera perpetuarse en el poder trata de ofrecer a sus seguidores más que lo sus otros rivales puedan dar. Según Bueno de Mesquita, para la supervivencia política hay cinco reglas básicas que los gobernantes utilizan:

Regla 1: Mantener la coalición ganadora lo más pequeña posible. Una coalición de pequeños permite a un líder depender de muy pocas personas para permanecer en el poder.

Regla 2: Mantener un selectorado nominal lo más grande posible. La escena política se puede dividir en tres grupos de personas: los selectores nominales, el selectorado real, y la coalición ganadora. El selectorado nominal incluye a toda persona con derecho a voto, es decir, todos los ciudadanos mayores de dieciocho años. El segundo estrato de la política es el selectorado real. Este es el grupo que realmente elige el líder. En la China de hoy (como en la antigua Unión Soviética), se compone de todos los miembros votantes del Partido Comunista, en la monarquía de Arabia Saudita son los miembros más antiguos de la familia real, en España, los cuadros de cada partido que elaboran las listas.

Regla 3: Tener control sobre los ingresos.

Regla 4: Recompensar a los principales partidarios lo suficiente para mantener su lealtad. Es el caso también de Robert Mugabe de Zimbawe quien, cada vez que enfrenta una amenaza de un golpe militar, logra finalmente pagar a su ejército, manteniendo su lealtad contra viento y marea.

Regla 5: Una política efectiva para con las masas no implica necesariamente lealtad. Al igual que los dictadores y tiranos, los líderes de las naciones democráticas siguen estas reglas, afirma el autor, ya que como todos los otros líderes, quieren conseguir el poder y preservarlo. “Incluso los demócratas casi nunca renunciarán a nada a menos que estén obligados a ello”, escribe.

En España y, concretamente en las comunidades autónomas, la transferencia de capital fruto de las transferencias de competencias ha pervertido en muchas ocasiones la verdadera finalidad del dinero público. Así lo hemos visto en Andalucía con los ERE falsos, en municipios que se han endeudado hasta límites insospechados; en empresas públicas como las televisiones autonómicas que han despilfarrado el dinero; en fundaciones que han utilizado su actividad para patrocinar o comprar lealtades al servicio del poder; y así podríamos seguir hasta conseguir explicar cómo en la micro política española, resulta más fácil ganar elección tras elección no por los méritos de quien ha gobernado sino porque ha sido capaz de crear una red clientelar que el propio sistema es incapaz de doblegar salvo que se establezcan unas nuevas reglas de juego.

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