En todo el mundo los diplomáticos repiten lo mismo: No hay una opción militar para desacelerar o frenar las ambiciones que tiene Irán por la bomba atómica. Lo dicen tanto europeos como los chinos, que necesitan el petróleo de Irán, y los rusos que ganan millones abasteciendo a ese país en su plan de desarrollo nuclear.
Incluso la administración de Bush no amenaza a Irán. La semana pasada en una entrevista en televisión, se le preguntó al vicepresidente de EE UU, Dick Cheney, si ese estaría dispuesto a usar la fuerza para detener los planes de Irán. Su respuesta fue muy cautelosa.
“Un presidente nunca debiera eliminar del todo la opción militar”, dijo, evitando el lenguaje que alguna vez usó para advertir a Saddam Hussein. “Dejémoslo ahí”.
Parecía que Cheney estaba tratando de sembrar ambigüedad, para ver si eso hacía que Irán lo pensara dos veces. Y surgen dos preguntas. Si falla la diplomacia, ¿tomará EE UU la opción militar?, ¿qué pasaría si no lo hace?
El ex director de la CIA en Medio Oriente, W. Patrick Lang, comentaba también que “es absurdo decir que no existe la posibilidad de una solución militar a este problema… Puede no ser la opción más deseable pero sí hay una solución militar”.
Con estas declaraciones, Lang abría una interrogante que ha estado presente en la administración Bush: Dada la política promulgada por Bush en 2002, Irán se podría convertir en un caso de estudio para la acción militar preventiva en caso de amenaza.
El problema radica en que aunque se eliminen las instalaciones de Irán, eso sólo retrasaría sus planes de contar con la bomba. Esta estrategia enojaría a los aliados y muchos de los iraníes que son contrarios al gobierno teocrático actual, se convertirían en enemigos de Occidente.
Además, Irán tiene muchas formas de contraatacar en los mercados del petróleo, en el Golfo Pérsico y a través de Hezbollah.
Hace poco, un oficial de la Administración norteamericana que estuvo involucrado en la planificación de la invasión a Irak se preguntó “¿Podemos hacerlo? “Claro que podemos. Pero, ¿podremos hacernos cargo de las secuelas?” Yo lo dudo.
Los mismos temores son los que frenaron al presidente Clinton de invadir Corea del Norte en 1994. Ese mismo año logró que se detuviera el funcionamiento de las plantas de producción nuclear en ese país. En 2003, sin embargo, reanudaron la producción y según datos de la CIA., Corea del Norte tiene suficiente combustible para fabricar al menos seis bombas.
El ejemplo coreano muestra cómo la pugna entre diplomacia y fuerza se lleva a cabo a puertas cerradas. Los iraníes tienen esto claro.
Muchas de las instalaciones iraníes o al menos aquellas que son conocidas por la inteligencia norteamericana, están a la vista o emplazadas bajo tierra, en lugares conocidos gracias a que su construcción fue grabada por satélites espía.
Entonces, no es que a Washington le hagan falta objetivos de ataque. El problema está en las consecuencias globales que se producirían si esto ocurre.
El secretario de Defensa entre 1997 y 1999, John J. Hamre, dice que “lo irónico es que este caso es opuesto al de Irak”. “Tenemos mucho conocimiento de lo que hay porque los inspectores han estado ahí”. Gracias a los informes elaborados por esos inspectores, en el Pentágono han podido rastrear las instalaciones más vulnerables de Irán y han podido prever escenarios posibles.
El experto en problemas de proliferación nuclear Ashton B. Carter, dijo que “eliminar el programa nuclear no es posible, pero atacando estratégicamente, se podría detenerlo de forma decisiva”.
Estrategia de ataque
Un ataque a Irán seguramente comenzaría en Natanz, que es donde se eliminaron los sellos de la Agencia Internacional de Energía Atómica la semana pasada. Se dijo también que ahí se estaban preparando para volver a montar la purificación de uranio.
Otros posibles puntos de ataque son una planta en Isfaha, en que el uranio crudo es tratado para ser usado en las centrífugas, y las fábricas en que se elaboran los componentes para las centrífugas.
También hay centros de investigación e instalaciones militares donde EE UU sospecha -pero no puede probar- que hay movimiento relacionado con la actividad nuclear, funcionando en forma clandestina. Siempre existe el riesgo, como ya se observó en Irak, de que estas instalaciones sean fábricas de guardia. (Los iraníes escondieron unas instalaciones detrás de una pared en una fábrica en Teherán, pero la Agencia Internacional de Energía Atómica –IAEA- la descubrió).
Los israelíes, para quienes el programa nuclear de Irán amenaza su existencia, han hablado más abiertamente sobre una posible intervención militar. Pero también aseguran no tener suficientes recursos aéreos para llevar a cabo este operativo.
En cualquier caso, hablar de un ataque militar es una cosa, pero algo totalmente distinto es considerar el costo político que se obtendría.
Hamre dijo que “llevar a cabo un ataque con bombas es reunir a todo un país en torno a sus líderes radicales”. “Y en el caso de Irán, eso es justamente lo que no queremos hacer”. Sería convencer a personas educadas, incluso pro americanas de que se vuelvan partidarios de un tipo totalmente distinto de liderazgo.
Incentivos
¿Cuál es entonces el incentivo que hay que darle a Irán para que quiera abandonar su programa armamentista? Irán sabe que Estados Unidos y sus aliados no lo atacarán para lograr este objetivo. La UE y Rusia han tenido que recurrir a otros medios. Han ofrecido a Irán que le proveerían con material nuclear que no puede ser usado para el desarrollo de armamento, pero este ofrecimiento ha sido rechazado, al menos por ahora. Y nadie quiere amenazar a Irán con medidas muy drásticas porque en ese caso, se exponen a que los iraníes moderados se comiencen a identificar con los líderes locales.
Son esos los cabecillas que, ante medidas tan suaves como un carta de advertencia de el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, han amenazado con tomar represalias.
Han amenazado con hacer recortes en las exportaciones de petróleo, una medida que los expertos aseguran que Irán no podría mantener por mucho tiempo sin que afecte a su economía. Aún así, estas amenazas han sembrado el pánico en los mercados.
Irán también podría interferir en Irak y mandar a Hezbollah en misiones terroristas. Incluso han hecho alarde de que sus misiles podrían alcanzar Israel. Algunas de esas amenazas pueden estar sobredimensionadas y, por ahora, el programa de Irán parece haber encontrado algunas trabas técnicas. Los inspectores de la IAEA siguen en Irán, y los iraníes aún no se han atrevido a echarlos, como sí hizo Corea del Norte hace tres años.
Un diplomático europeo, que está involucrado en conversaciones con Irán se refirió la semana pasada a las amenazas de este país como “habladurías con las que sólo buscan ganar tiempo y mantenernos paralizados”.Y agregó que “les puede estar dando resultado”.
Varios oficiales norteamericanos dijeron que “dentro de 5 o 10 años, probablemente Irán tenga un arma nuclear”. “Nos han entendido bastante bien”, dijo Hemre, “Han actuado al filo de la beligerancia controlada”.
El debate que se ha generado entre Occidente, Rusia y China es si todos juntos están dispuestos a actuar bajo las mismas condiciones, con esperanzas de que, tal como sucedió en la Guerra Fría, Irán dé el primer paso.
Jorge Mestre Política internacional
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