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Archivo para marzo, 2006

Niños atormentados

Martes, 14 de marzo de 2006


2887.jpgEl pasado jueves, 9 de marzo, leía un artículo en NYT muy interesante de Bob Herbert que he querido aquí reproducir a raíz del maltrato infantil. Mientras que en España todo estalló la semana pasada con la pequeña Alba de Barcelona, en EE UU asisten atónitos a casos dramáticos que azotan a cientos de niños en las últimas semanas.

Sin embargo, y a diferencia del caso español, allí nadie se pone a distinguir el género del maltratador infantil. En nuestro país, se intenta entremezclar con sutileza con la violencia de género. Cuando la verdad es que en la mayoría de casos de maltrato infantil, los verdugos suelen ser los dos progenitores o el progenitor custodio.

Recomiendo la lectura del artículo de Herbert que se puede trasladar sin ningún problema al caso español:

“Los dos adultos habían consumido heroína. Mientras los niños sufrían y morían, ellos estaban recostados en la cama en un sueño profundo provocado por la droga. Ambos han aceptado ahora su culpabilidad en las muertes y han sido encarcelados.

Hace muchos años que he estado leyendo y escribiendo historias como ésta. Con cierta frecuencia, aparece en portada algún horrible caso de abuso infantil y la exclamación de horror es siempre la misma: ¿Cómo pudo pasar esto? ¡Encierren a los monstruos que son responsables de esto! Investiguemos y reformemos el sistema de protección de menores.

Sin embargo, con el tiempo las historias pierden fuerza, se esconden, como si hubiese desaparecido el abuso al que está sometido el niño, en cámaras de tortura en sus propios hogares. Pero el naltrato infantil es un problema terrible, crónico y muy extendido en EE UU. A pesar de los casos que acaparan las portadas de los diarios, el problema no tiene la suficiente cobertura. Lo que le hacen algunos adultos a los niños parecen reminiscencias de conductas propias de la Inquisición.

Según el Departamento de Salud de EE UU, en 2003 murieron cerca de 1.500 niños por abuso o negligencia. Eso significa, cuatro niños al día y quizá más, porque hay estados es que la documentación no es muy fiable.

En Michigan, por ejemplo, las autoridades dieron a conocer un horroroso caso de un niño de 7 años, Ricky Holland, que le suplicó a la enfermera del colegio que no lo enviara de vuelta a casa con sus padres adoptivos. “Déjeme quedarme en el colegio” le suplicaba.

A los pocos días, fue asesinado con golpes de martillo y arrastraron su cuerpo ensangrentado y lo metieron en una bolsa de basura. Los cargos por asesinato recayeron sobre sus dos padres.

Los casos de muerte no alcanzan a reflejar la enormidad del problema. En 2003, se denunciaron 3 millones de casos de abuso infantil o negligencia. Un millón de ellos fueron comprobados por las autoridades. Por contra, no se conoce la cifra real, ya que muchos no son denunciados y esa cifra sólo se puede tratar de conjeturar.

Lo que me llama la atención es que llevamos tanto tiempo oyendo sobre estos casos y la reacción inmediata sigue siendo la misma: shock. ¿Cuántas veces más vamos a conmocionarnos antes de que se tomen las medidas necesarias para aliviar el sufrimiento y prevenir la muerte de estos niños?

Sabemos algunas cosas sobre el maltrato y la negligencia hacia los niños. Sabemos, por ejemplo, que hay una conexión profunda entre el abuso infantil y el consumo de drogas. Sabemos que es más probable que ocurra un maltrato en hogares de escasos recursos, más aún cuando quienes están a su cargo, están desempleados.

La probabilidad de maltrato también aumenta cuando hay situaciones de crisis en los hogares, y quienes han sido abusados de niños, son proclives a convertirse en maltratadores.

Los programas de prevención del abuso infantil y los servicios de protección de menores son inadecuados e ineficientes. Muchas veces están sobrecargados y las medidas son inaplicables. El sistema de protección de menores se ha echado a perder -o quizá nunca funcionó como debería- en muchos estados.

Según Marcia Robinson Lowry, directora ejecutiva de Children’s Rights, grupo defensor de los derechos de menores, “Cuando se quebranta la ley, no hay consecuencias”.

En general, los niños maltratados pertenecen a la clase social de menores ingresos. No pertenecen a familias que tengan la costumbre de votar. Desgraciadamente, la falta de incentivos hace que para los políticos no sea una prioridad elaborar programas para la protección de los pequeños. Los niños, en definitiva, se han quedado solos porque no votan.”

Jorge Mestre Varios

Un poco más de glamour

Lunes, 13 de marzo de 2006


vlc.bmpCuando apenas resta un año para que se celebre lo gordo de la Copa América, tengo la curiosidad de ver, una vez que hayamos exigido a los gobernantes que hagan sus deberes, si nosotros los ciudadanos también sabremos estar a la altura.

El tamaño de una ciudad o sus infraestructuras no es garantía suficiente para llegar a ser sede de acontecimientos deportivos, políticos o sociales. Las empresas que trabajan con el cliente de la calle deberían asegurarse en contar con verdaderos profesionales que dominasen la materia.

No quiero llamarle “cultura Copa América”, porque no se trata que una vez pase al evento, volvamos a quedarnos con loa vicios del pasado. Dado que miles de ojos van a estar atentos sobre Valencia, dependerá de cómo hagamos las cosas para graduarnos en la organización de otros eventos importantes.

Para empezar, la cuestión del idioma. En un país donde empieza a exigirse el dominio de tres idiomas es imposible encontrar en Valencia un 5% de establecimientos donde haya alguien que hable el inglés. Los hoteles, por supuesto, pero restaurantes, tiendas, cafeterías, taxis, pubs, nada de nada. Que yo sepa nadie tampoco ha tomado la iniciativa para corregirlo.

Luego está la cuestión del servicio. Aunque Valencia sea una ciudad con más turistas día a día, no noto yo la misma progresión en amabilidad y profesionalidad por parte de los locales de la hostelería. A quién no le ha pasado que reserva una mesa para una hora y no se la guardan ni los quince minutos de cortesía. O cuando no, tardan en atender y el cliente llega a sentirse como una auténtica molestia. Cuando uno viaja, ve ciudades con “janitors” en las tiendas –aquí hay pocos-, camareros que cada diez minutos se acercan a la mesa para preguntar por la evolución de la comida o saber si hace falta algo, restaurantes que te obsequian el agua para beber salvo que se te ocurra pedir una botella de Voss, etc. En Valencia, lo más que puedes encontrar es que te inviten a una minúscula tapa cuando te sientas.

Otro ejemplo curioso se ve en la noche, con algunos –y algunas- porteros de sala que más bien se quedan a medio camino entre espantapájaros y policías de aduanas desinformados. Porque lo que es servicio y atención al cliente, nada de nada. Lo raro es que los pececitos de colores no huyan del acuario.

Tenemos que ganar glamour y eso no depende de las obras que encargan los políticos. Dependerá de lo cómodo y bien atendido que se sienta cada persona que venga de fuera.

Últimamente percibo como hay una mayor presencia de boutiques en Valencia que, además de abrir, añaden los ingredientes para que la andadura sea todo un éxito. Trabajadores con conocimientos de inglés, profesionales que saben de lo que hablan, personal que se dirige con humildad al cliente y que le ofrecen un trato exquisito y personalizado, etc.

Todo ello es básico no sólo para que aquellos que vengan de fuera se vuelvan a ir con ganas de volver, sino para que la cultura de atención al cliente sea la impronta en el “modus vivendi” de esta ciudad.

Jorge Mestre Varios

Infanticidas

Jueves, 9 de marzo de 2006

A cualquiera le angustia la situación de la pequeña Alba, la niña de 5 años casi asesinada por su madre biológica y padrastro. Este caso es un claro ejemplo de cómo falla el sistema en nuestro país en referencia al maltrato infantil. Por un lado, los tribunales que avisados hasta en tres ocasiones no habían hecho nada por apartar a esa niña del infierno al que estaba condenada.

Y, por otro lado, no entiendo como la madre biológica, una criminal con nombres y apellidos ha quedado en libertad y no ha recaído sobre ella el peso de la ley. Las imágenes que he observado en televisión de esta mujer llorando porque no le dejaban ver a su hija hospitalizada no me han producido ningún sentimiento de compasión sino de desesperanza ciudadana al contemplar su impunidad cuando cuanto menos es cómplice de intento de homicidio.

Las primera noticias sobre este triste suceso apuntaron hace unos días a que era el padre biológico de la niña quien le había vejado con atarla a una silla u obligándole a tragarse sus vómitos. Como si el maltrato infantil fuese cosa de hombres. El maltrato infantil nada tiene que ver con la violencia de género. El primero de ellos es propio de hombres y mujeres. El trasnochado “lobby” feminista ha vuelto a actuar y no sabe cómo borrar la indignidad de esta asesina en potencia.

Sólo quiero recordar que en Nueva York, el pasado mes de noviembre, el alcalde Michael Bloomberg destituyó a todo los responsables de Servicios Sociales porque por su negligencia murió una niña a manos de sus padres. A diferencia de España, ambos tutores acabaron entre rejas y cientos de ciudadanos salieron a la calle a rendir homenaje a la pequeña asesinada. ¿Y aquí, por qué no?

Jorge Mestre Varios

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