¿Fuerza desproporcionada?
El desproporcionado uso de la fuerza en Líbano no deja de ser un tópico y se pretende justificar con que han muerto más libaneses que israelíes. Este extraño cálculo implica que si hubieran muerto más israelíes a manos de los misiles de Hizbolá, no habría dilema moral de los ataques.
Pero en realidad este argumento distorsiona la verdadera cuestión. Israel no es culpable de proteger más a sus ciudadanos, de haber invertido millones de dólares en refugios y en sistemas de alerta ante las potenciales amenazas.
La cuestión de fondo es saber si los objetivos de su acción militar están legitimados. Israel pretende con sus ataques deshacer la infraestructura terrorista de Hizbolá, destruir sus plataformas lanzamisiles y no vivir permanentemente bajo la amenaza terrorista.
Los inocentes libaneses fallecidos -muchos utilizados como escudos humanos- no son sólo víctimas de Israel sino de una situación a la que les ha llevado y de la que son responsables los terroristas islamistas que esperan la respuesta enemiga desde que desplegaron sus 10.000 misiles apuntando a Israel y pusieron la guinda con el “acto de guerra” del asesinato y secuestro de soldados del país vecino.
Para Hizbolá, su principal interés es borrar del mapa a Israel, lanzar el mayor número de katiushas contra los núcleos urbanos y matar así a una gran cantidad de civiles.
Si hasta el momento no han muerto más ciudadanos israelíes no es porque los terroristas de Hizbolá no lo deseen, antes bien ha ocurrido porque la población vive mayoritariamente en refugios.
Israel podría hacer caer a todo Hizbolá mediante la destrucción de Beirut, Trípoli, Tiro y Sidon, pero no lo va a hacer porque eso sí supondría un uso excesivo de su fuerza.
Por otro lado, si Hizbolá tuviera capacidad de aplastar Tel Aviv, Haifa y Beer Sheva, lo haría sin contemplaciones.
Hablar de proporcionalidad está bien en determinadas situaciones como en competiciones deportivas, en un enfrentamiento entre un equipo de Primera División contra otro de Segunda B, pero nada tiene que ver en la actual respuesta de Israel a Hizbolá.
Antes que un “ojo por ojo”, Israel intenta eliminar una amenaza para su futuro. La proporcionalidad como también dice el teórico de la “guerra justa”, Michael Walzer, no sólo debe medirse en relación con lo que Hamás y Hizbolá ya han hecho, sino también con aquello que intentan hacer.
La campaña no será exitosa en función de la proporcionalidad, sino en la eliminación del acoso bajo el que Israel vive permanentemente.


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