La mala educación
Para razonar sobre lo que vemos y escuchamos hay que pensar, hay que meditar, lo mismo que debemos hacer si queremos hacer uso de nuestras ideas. El cerebro es, pues, un órgano vital clave para afrontar despierto el día a día.
Sin embargo, el cerebro es un músculo y como los demás músculos necesita trabajo para que no se vuelva perezoso o se atrofie como le ocurre a nuestra tripa cuando dejamos de realizar ejercicios. El problema es que cuando se atrofia se vuelve menos inteligente y más estúpido. Al llegar a ese estado pierde la facultad de razonar, juzgar y se entrega en manos ajenas.
Si nuestra capacidad crítica pierde autonomía va en busca de soluciones pensadas y empaquetadas, a las decisiones ya tomadas, a los pensamientos elaborados y listos para consumir. Algo así como las “sopinstant”.
Oficialmente una inmensa mayoría de españoles tiene el Graduado Escolar, pero muchos son analfabetos funcionales. Vivimos en un país donde el 47% de ciudadanos no ha abierto un libro en su vida o lo que es lo mismo, no lee nunca, o un 15,2% de españoles no llega a tener una veintena de títulos en sus viviendas. Estas cifras contrastan con las altamente contabilizadas a la hora de seguir a los triunfitos, grandes hermanos y demás bazofia televisiva.
Qué podemos esperar cuando uno ve sondeos a pie de calle en la televisión y se encuentra con personas que con el pretexto buenista del diálogo son capaces de sostener la existencia de conversaciones con los asesinos de nuestros conciudadanos o tratar con vaselina a los nacionalismos cuando por muchos es sabido que estas ideologías están detrás de enfrentamientos de enorme crueldad que han causado millones de muertos en el último siglo.
El político de turno pronuncia una estupidez públicamente y nosotros, en lugar de informarnos sobre el asunto, asentimos lelamente. Nada resulta más indefenso y por lo tanto más maleable que un cerebro atrofiado, un cerebro que piensa con los cerebros de los demás. Puede meterse de todo, ahí dentro. Se le puede convencer a alguien de que De Juana Chaos es una pobre viejecita que se merece dar paseos o ir de compras para no deteriorarse. O persuadir de que todas las ideas son respetables, falacia imposible de mantener porque nadie es capaz de respetar opiniones que defienden el racismo, el totalitarismo o el fanatismo religioso. Algo similar ocurre cuando se habla de la paz que suena a música celestial y como ocurre con la semántica de diálogo, alianza… ¿Cómo no va a estar uno a favor del diálogo y de la paz? Sin embargo, son términos que hay que manejar con mucho cuidado.
Cuando uno está más pendiente de la basura televisiva, llegará a no pensar con la propia cabeza y su cerebro aceptará cualquier mentira o cualquier propaganda sin reaccionar. Quien sufre atrofiamiento cerebral deja de pensar lo que podría pensar, se convierte en un dócil instrumento en manos del que piensa por él y se convierte en ciudadano alineado, obediente y servil. Y eso es lo que le interesa a los políticos en el poder, manejar a la gente por control remoto y no mejorando la educación, porque unos ciudadanos ignorantes son unos ciudadanos fácilmente manipulables.
En España, hemos tenido la mala suerte de que la educación siempre ha estado en medio de la confrontación política, en lugar de ser objeto de un amplio consenso a largo plazo.




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