Una recomendación

We-Think
256 páginas
Profile Books Ltd (18 Feb 2008)
Inglés
ISBN-10: 1861978928
ISBN-13: 978-1861978929

We-Think
256 páginas
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ISBN-10: 1861978928
ISBN-13: 978-1861978929
Las intervenciones humanitarias no son un descubrimiento de los últimos años por los EE UU. Los europeos ya las practicaron hace dos siglos. Durante el siglo XIX, gente de Gran Bretaña, Francia y Rusia urgió a sus gobiernos al envío de tropas para terminar con las matanzas de lugares como Polonia o Bulgaria. De hecho, algunos de los intelectuales de la época como Víctor Hugo u Oscar Wilde reclamaron actuación. Cuando los nacionalistas griegos se rebelaron contra los otomanos en 1821, muchos británicos se unieron a su causa, horrorizados por las atrocidades de los turcos. Esto supuso un problema para el gobierno británico quien estaba interesado en apoyar a los otomanos frente a la expansión rusa. Pero finalmente, se enviaron tropas, dinero y armas, incluyendo a Lord Byron, el poeta más famoso del momento en Europa, dispuesto a luchar a favor de los griegos. Byron murió allí de fiebre. Finalmente, en 1827, la Flota Británica, junto con franceses y rusos, hundieron a muchos de los barcos de los otomanos, contribuyendo de ese modo al nacimiento de la Grecia actual.
La intervención humanitaria no es propiedad de EE UU o de los “halcones” que empezaron a dirigir intervenciones en la década de los 90 como la de los Balcanes. De hecho, un país como Canadá ha promovido el principio internacional de “necesidad de proteger” a ciudadanos en peligro.
Por supuesto, el verdadero examen llegará tras la salida de Bush de la Casa Blanca. Bush se habrá ido, y europeos y americanos se tendrán que ver las caras con abusos como los de Darfur. En agosto de 1992, un candidato presidencial prometedor, como Bill Clinton, afirmó: “Si tenemos que extraer alguna enseñanza del Holocausto, es el alto coste que supone permanecer callado y paralizado ante la amenaza del genocidio”. Como ocurrió con Ruanda, es más fácil dar lecciones de historia que aplicarlas.
Steve Schmidt es desde este pasado verano el responsable de campaña del senador McCain ante las elecciones presidenciales de EE UU. Schmidt quien fue miembro del equipo de reelección de Bush en 2004 y capitaneó también la reelección del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, en 2006, trabaja junto con su equipo sobre dos ideas: Obama y su falta de experiencia son un gran riesgo. McCain está por encima de las luchas partidistas y pone al país por encima de todo.
Pero de lo que Schmidt es un gran conocedor es del nuevo panorama de medios, con la gran cantidad de websites y blogs, facilitando a todos diferentes formas de conseguir información.
Este nuevo entorno, reconoce Schmidt, está manipulado por la necesidad de noticias en tiempo real, la creciente competición, y la reducción de mínimos. Fue Schmidt quien ideó introducir a Britney Spears y Paris Hilton en anuncios de ataque a Obama. También fue él quien se encargó de manipular a blogs y a otras organizaciones respecto a la convención demócrata.
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