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Un poco más de glamour

Lunes, 13 de marzo de 2006


vlc.bmpCuando apenas resta un año para que se celebre lo gordo de la Copa América, tengo la curiosidad de ver, una vez que hayamos exigido a los gobernantes que hagan sus deberes, si nosotros los ciudadanos también sabremos estar a la altura.

El tamaño de una ciudad o sus infraestructuras no es garantía suficiente para llegar a ser sede de acontecimientos deportivos, políticos o sociales. Las empresas que trabajan con el cliente de la calle deberían asegurarse en contar con verdaderos profesionales que dominasen la materia.

No quiero llamarle “cultura Copa América”, porque no se trata que una vez pase al evento, volvamos a quedarnos con loa vicios del pasado. Dado que miles de ojos van a estar atentos sobre Valencia, dependerá de cómo hagamos las cosas para graduarnos en la organización de otros eventos importantes.

Para empezar, la cuestión del idioma. En un país donde empieza a exigirse el dominio de tres idiomas es imposible encontrar en Valencia un 5% de establecimientos donde haya alguien que hable el inglés. Los hoteles, por supuesto, pero restaurantes, tiendas, cafeterías, taxis, pubs, nada de nada. Que yo sepa nadie tampoco ha tomado la iniciativa para corregirlo.

Luego está la cuestión del servicio. Aunque Valencia sea una ciudad con más turistas día a día, no noto yo la misma progresión en amabilidad y profesionalidad por parte de los locales de la hostelería. A quién no le ha pasado que reserva una mesa para una hora y no se la guardan ni los quince minutos de cortesía. O cuando no, tardan en atender y el cliente llega a sentirse como una auténtica molestia. Cuando uno viaja, ve ciudades con “janitors” en las tiendas –aquí hay pocos-, camareros que cada diez minutos se acercan a la mesa para preguntar por la evolución de la comida o saber si hace falta algo, restaurantes que te obsequian el agua para beber salvo que se te ocurra pedir una botella de Voss, etc. En Valencia, lo más que puedes encontrar es que te inviten a una minúscula tapa cuando te sientas.

Otro ejemplo curioso se ve en la noche, con algunos –y algunas- porteros de sala que más bien se quedan a medio camino entre espantapájaros y policías de aduanas desinformados. Porque lo que es servicio y atención al cliente, nada de nada. Lo raro es que los pececitos de colores no huyan del acuario.

Tenemos que ganar glamour y eso no depende de las obras que encargan los políticos. Dependerá de lo cómodo y bien atendido que se sienta cada persona que venga de fuera.

Últimamente percibo como hay una mayor presencia de boutiques en Valencia que, además de abrir, añaden los ingredientes para que la andadura sea todo un éxito. Trabajadores con conocimientos de inglés, profesionales que saben de lo que hablan, personal que se dirige con humildad al cliente y que le ofrecen un trato exquisito y personalizado, etc.

Todo ello es básico no sólo para que aquellos que vengan de fuera se vuelvan a ir con ganas de volver, sino para que la cultura de atención al cliente sea la impronta en el “modus vivendi” de esta ciudad.

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Jorge Mestre Varios

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