Inquisitio correct

Lunes, 7 de mayo de 2007

¿Es España un país tan tolerante como dice ser? Según las encuestas de opinión, los españoles nos definimos como no racistas, tolerantes y creemos que todos los inmigrantes deberían poder votar en las próximas elecciones. Cara a la galería todo suena a música celestial. Sin embargo, vivimos en el país de los “politically correct”, esos mismos que te convierten en delincuente si escribes algo que no les gusta y que provocan que en las encuestas de opinión nos retratemos como ciudadanos ejemplares.

Ellos son los responsables de ese clima de censura que Dolce & Gabbana denunciaron en marzo que existe en España a raíz del anuncio en el que un joven con el torso desnudo sujetaba a una mujer en presencia de otros cuatro colegas y que fue censurada por algunos como el sometimiento de una mujer ante cinco hombres.

Remover las conciencias en el uso de la provocación sexual para vender ropa no es algo nuevo. Esta temporada, las marcas (Dsquared o Chevignon) vuelven al porno-chic, a  las fotografías de connotación sexual para llamar la atención, para ganar visibilidad.

En el caso español se escandalizaron, cómo no, los beatos de lo “politically correct”, aquellos que confunden la tolerancia con sus propias decisiones y que cualquier día propondrán por resultar discriminatorio que se diga “el hombre/la mujer de Neanderthal” o reprobarán a Juan Luis Arsuaga por denominar al personaje principal de sus investigaciones como “hombre de Atapuerca”.

Pero volviendo al caso de Domenico Dolce y Stefano Gabbana, su reacción de de retirar toda la publicidad en España tal vez fuera desmedida –seguramente lo aprovecharon para provocar más notoriedad- porque las críticas no procedían de la mayor parte de la opinión pública española sino de algunos sectores concretos, organismos públicos, asociaciones y partidos políticos que conforman un movimiento inquisitivo que cualquier día se le ocurre exigir que a la Pata Daisy –la novia del Pato Donald- se le vista con faldas o pantalones para refrenar los impulsos sexuales de su querido amante masculino.

La Inquisición, se ha vuelto astuta, ha cambiado de cara, pero su esencia permanece inalterada porque está dispuesta a quemar en la hoguera a quienes no compartan su discurso o mensajes. Lo políticamente correcto lo ha invadido todo. ¿Que el anuncio tiene una foto de unas niñas pintadas? Intolerable. ¿Qué otro anuncio muestra una mujer sujetada por un hombre? Machismo. Todos fuera.

Quienes se pasan la vida acusando de sexismo son los “politically correct” que se quejan de un lado pero no dicen nada del sexismo del otro, es decir, de aquellos anuncios que presentan al hombre de hoy como a un idiota. No hacerlo supone incurrir en doble moral, en utilizar dos pesos y dos medidas.

Empar Moliner se refirió recientemente en un artículo magistral a esos anuncios que tratan a los hombres como seres inferiores. Por ejemplo, ese del café soluble que dice tener un envase tan sencillo que permite a los hombres hacer más de una cosa a la vez o ese otro del detergente especial para lavadoras que impide que las ropas de distintos colores se dañen entre sí y que según la voz en off está pensado especialmente para varones.

Y eso es a lo que acostumbran los herederos actuales del Santo Oficio, los de la corrección política, con su propio tribunal, para juzgar y dictar sus propias sentencias antes de exponerte en la plaza a público escarnio o antes de entregarte a las llamas.

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