Jorge Mestre

Malas noticias en el periodismo valenciano

Cierres de cabeceras, caídas de la publicidad, pérdidas de difusión y rentabilidad, despidos de plantilla… Son los efectos de la crisis en los medios de comunicación valencianos y, en consecuencia, el peor semestre para una industria que cada día que pasa ve disminuir el número de supervivientes.

Diario de Valencia cerró. Valencia Hui también murió. A la lista desoladora de cabeceras fallecidas se le han sumado en los últimos dos años los gratuitos Minidiario, Metro, algunas ediciones de 20 minutos, Valencia Express, Micalet, Hoja de la Tarde, etc.

Resulta difícil poner fecha al comienzo de la criba en los medios de comunicación tradicionales valencianos. Quizás hubo primero una crisis de modelo que se ha visto acuciada por la recesión. El caso es que las empresas periodísticas tienen la desgracia de compartir con otras empresas los males endémicos del momento como son los problemas de liquidez, morosidad, y dificultades de acceso al crédito. Pero a estos hay que añadir los de viabilidad y los retos a los que se tienen que enfrentar en el medio plazo la prensa escrita, como son la sustracción de lectores por parte de Internet, los elevados costes de producción y la caída de los ingresos publicitarios.

Todavía no ha habido nadie que mida el impacto de la crisis sobre el empleo. En España se habla de más de 2.000 periodistas despedidos. En lo que llevamos de año, los dos periódicos locales de mayor tirada, Las Provincias y Levante, han despedido a medio centenar de profesionales, además de los cambios en las direcciones de ambas cabeceras. A ellos hay que sumar una importante cantidad de columnistas, colaboradores y fotógrafos que han sido relegados en éstos y en otros importantes periódicos de la Comunitat Valenciana, como en La Verdad, Información, Mediterráneo y en los grandes grupos editoriales de ámbito nacional que publican El País, El Mundo y ABC.

Si a ello sumamos los puestos de trabajo que se han perdido con los cierres de las cabeceras mencionadas al comienzo del artículo, podríamos estar hablando de varios cientos de periodistas de la Comunitat Valenciana que han quedado en paro. Y a ello hay que añadir que cada año más de un centenar de universitarios valencianos terminan los estudios de periodismo con la pesadumbre de que la industria no puede absorber toda la nueva demanda de empleo.

Dos profesores de la Universidad de Princeton, Miguel Garrido y Sam Schulhofer-Wohl, publicaron recientemente un estudio sobre el impacto del cierre de un periódico. Para ello, tomaron como ejemplo el caso de la desaparición a finales de 2007 del “The Cincinnati Post” que dejó como único superviviente en la misma ciudad que le puso nombre al diario el “Cincinnati Enquirer”.

Los dos investigadores concluyeron a grandes rasgos que la desaparición de la cabecera se ha traducido en este período en una menor participación política por parte de los ciudadanos en las elecciones; mayor desafección política y menos oportunidades de renovación política.

¿Es ese un escenario que azota las conciencias de nuestros gobernantes? Lo cierto es que en España a diferencia de otros países como Francia no se ha previsto ningún plan de ayuda para la prensa escrita. Poco parecen importar aquellas palabras de hace 200 años de Thomas Jefferson quien dijo preferir un país sin gobierno antes que sin periódicos. Incluso la administración Obama reconoció en mayo que los EE UU no son viables “sin el pálpito de los medios de comunicación”.

Pero si descendemos al ámbito autonómico, el conseller de Economía y Hacienda, Gerardo Camps, reconoció recientemente que los problemas de las empresas periodísticas no son distintos a los de las miles de empresas que hacen frente a la crisis. La diferencia estriba en el papel que ejercen los medios de comunicación en la defensa del artículo 20 de la Constitución, olvidó el conseller.

Más allá de la prensa

La hemorragia no es exclusiva de la prensa tradicional. También afecta a otros modelos periodísticos como los de las televisiones locales y, sobre todo, a las aparecidas hace dos años con las adjudicaciones de las licencias de TDT.

Algo no se hizo bien a la hora de redactar los pliegos de condiciones porque varias de esas televisiones están a punto de desaparecer. Así, en los próximos días un centenar de trabajadores de Tele 7 en las poblaciones de Valencia, Alicante, Castellón y Elche serán despedidos. Problemas similares se vivieron en marzo cuando una quincena de trabajadores de Libertad Digital TV también fueron destituidos en Valencia.

El problema de dichas televisiones es que muchas de ellas presentaron desde el principio modelos de negocio insostenibles, nacieron entre fuegos artificiales y han consumido el presupuesto millonario en dos años. La pregunta que cabe hacerse es cómo va actuar la administración autonómica dado que la ley no permite la compraventa de licencias.

Mientras todo esto ocurre y los únicos supervivientes constatan que el viejo modelo está roto, se impacientan por saber cuál funcionará en su lugar.

Escrito el por Jorge Mestre en Medios de comunicación Dame tu opinión

Los “tory workers” apuntalan al PP y a Camps

Son proletarios, asalariados, clases medias, en definitiva, electores clásicos del laborismo inglés y de la izquierda española. Ahora son los “tory workers”, ciudadanos que tienen miedo al futuro económico, acostumbrados a una vida más acomodada y que no la quieren perder bajo ningún concepto. Ellos son en gran parte los responsables de la victoria aplastante del PP en la Comunitat Valenciana y del descalabro socialista, situación que ha contribuido a consolidar para el PP la Comunitat Valenciana como bastión propio y a su líder, Francisco Camps.
Los “tory workers” han llevado a la victoria al Partido Popular en plazas históricamente socialistas y situadas en el llamado “cinturón rojo” de voto de izquierdas del área metropolitana de Valencia. Municipios como Xirivella, Aldaia, Alaquàs, Picanya, Torrente, Burjassot, Burjassot y Paterna son a fecha de hoy territorio del PP y los socialistas han sido desplazados a segundas posiciones.
Por ejemplo, un caso muy significativo es el de Alaquàs donde su alcalde, Jorge Alarte, también secretario general de los socialistas valencianos, ha pasado de aventajar en cinco puntos al PP en las europeas de 2004 a quedar casi tres puntos por detrás.
En Aldaia, de los 11 puntos de ventaja para los socialistas ahora se han quedado atrás a casi cuatro puntos. Algo similar ha sucedido en Picanya, con un ventaja favorable al PP de más de cuatro puntos, Torrente (16 puntos porcentuales entre PP y PSOE), Xirivella (5 puntos a favor del PP), Burjassot (6 puntos a favor de los populares) o Paterna (14 puntos por delante el PP). Quart de Poblet, por el contrario, sigue siendo de las pocas poblaciones que se le resisten a los populares.
Los resultados de otras ciudades como Sueca o Gandia vienen a confirmar esta tendencia de apuntalamiento del PP por parte del voto de izquierdas. “Se trata de un voto de supervivencia. Es gente que ha girado hacia el centro derecha porque piensan que desde el PP se puede gestionar mejor los presupuestos públicos”, explica un analista político del Partido Popular, quien traza un paralelismo de lo ocurrido con el capitalismo popular de Margaret Thatcher.
Conviene tener en cuenta que la ciudad de Valencia y su área metropolitana constituyen cerca del 35% de los votos en la Comunitat Valenciana y, por tanto, hacerse con las plazas principales de la zona para transformarlo de “cinturón rojo” a “cinturón azul” es sido una de las principales estrategias de los fontaneros del PP valenciano.
Otro de los méritos de la victoria popular hay que encontrarlo en la capacidad de movilización de 22.000 voluntarios que han participado de interventores durante la jornada electoral y que han desempeñado un papel importante en la atracción del voto al PP.
La gran pregunta que cualquier puede plantearse es ¿cómo un partido político puede mover a más de 20.000 voluntarios en un solo día? La respuesta la tiene el PP en su fuerza municipal. Las estructuras locales de base municipalista son las que le permiten al partido regenerarse internamente y tener siempre un banquillo en constante movimiento. Frente al PSOE que se ha alimentado tradicionalmente de universidades y sindicatos, el PP lo ha hecho a partir de sus juntas locales.

Escrito el por Jorge Mestre en Política española Dame tu opinión

Camps gana el juicio político del caso Gürtel

El presidente de los valencianos, Francisco Camps, llegó al 7-J con la sombra de sospecha del caso Gürtel y ha salido sobradamente absuelto por las urnas. Para Camps, estas elecciones eran fundamentalmente un plebiscito personal y finalmente lo ha superado con enorme contundencia. Es cierto que el PP se ha catapultado en Madrid, Murcia o Galicia, pero el caso de la Comunidad Valenciana, era todavía más importante porque todas las miradas desde hace tres meses estaban puestas sobre el dirigente valenciano.
La euforia de Camps en la noche electoral no ha estado falta de motivos. En primer lugar, porque la victoria del PP sobre el PSOE ha sido superior a los 15 puntos porcentuales en la Comunitat Valenciana, un resultado histórico para los populares que se han distanciado en 278.000 votos sobre los socialistas. En segundo lugar, porque era el primer envite con Jorge Alarte como líder de los socialistas valencianos, una de las grandes apuestas de Ferraz, y que ha salido vapuleado hasta en el municipio donde es alcalde, Alaquàs. Y en tercer lugar porque se ha sabido movilizar al electorado del PP en una campaña que se preveía altamente abstencionista.
La confrontación y movilización han sido realmente las dos claves que han jugado a favor de los populares valencianos. La conocida “factoría Blasco” que ha estado marcando las pautas de la campaña ha sabido jugar con habilidad dichas bazas y encajonar a los socialistas en la ratonera del caso Gürtel del que no han sabido salir, ni parece que tengan el propósito de hacerlo, a tenor de las primeras reacciones de Alarte.
El equipo de campaña del PP sabía desde hace semanas que estas elecciones estaban ganadas, pero en la diferencia con el PSOE estaba la clave. Hasta 150.000 votos de diferencia hubiese sido interpretado como una victoria agridulce para Camps. Sin embargo, ni los más optimistas en las filas populares presagiaban una victoria tan aplastante.
Una de las razones de esta victoria hay que situarlas en la elevada movilización del electorado popular. El PP ha conseguido colocar un interventor en cada mesa electoral, lo que equivale a que 22.000 personas se conviertieran en movilizadores del voto popular en su entorno doméstico.
La otra idea de partida era que cuanto más se removiera el caso Gürtel por parte de los socialistas más se cohesionaría al electorado del Partido Popular y así ha sido. Más de un 53% del electorado ha participado en las elecciones europeas del 7-J, siete puntos por encima de la media española.
En definitiva, la llamada versión valenciana del caso Gürtel tiene pendiente la calificación final del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, pero lo que ya posee es la redención del voto ciudadano.

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