Economía

Emprendedurismo para comunicadores

Jorge Mestre
Este pasado sábado tuve ocasión de participar en la jornada que la Fundación Coso había organizado por décimotercer año consecutivo para incentivar el espíritu emprendedor en el sector de la comunicación. Las anteriores ediciones basé mi exposición en hablar de cómo empecé cuando tenía 23 años, contando las anécdotas de aquel entonces, que si captaba a lo clientes llamándoles con las tarjetas de cabina de 1.000 pesetas de Telefónica, hasta el punto que imaginé que en el estanco donde las adquiría pensaría que era un adicto a las líneas eróticas o algún otro tipo de especimen.

Este año decidí darle un cambio y me orienté a lo que se tituló “Los diez errores que todo emprendedor debe evitar”. Basada en mi experiencia de estos últimos años y lo que he visto, leído y escuchado, pude compartir una interesante sesión con unos jóvenes periodistas y publicistas que demostraron ser más emprendedores de lo que imaginaban. Si ellos mismos sintieron lo mismo, me doy por satisfecho.

Si te interesa ver la presentación, la he subido a slideshare.

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Mientras España se duerme, el mundo hierve

Este 29 de septiembre de 2010, mientras España estaba en huelga general, el resto del mundo hervía. Se ha hablado de pérdidas de derechos laborales, sociales, desprotección, etc., pero en el mundo en que vivimos sólo hay dos caminos, o el del Estado mantenedor, el gran Leviatán, que sufraga a golpe de subvención intervencionista la falta de competitividad de las empresas, trabajadores, los sectores productivos y la nula producción del conocimiento, o el del Estado que se encarga de crear las condiciones favorables para la creación de empresas, innovación, conocimiento e incentivar a los mejores. Eso se logra a través de la creación de una legislación laboral flexible, un marco fiscal favorable y el impulso de la educación e investigación universitaria. Son los dos modelos a elegir por cada país.

Hace 25 años la primera opción era la fácil, la menos contestataria y la de mayor rédito electoral. Sin embargo, a estas alturas del partido la única opción que le queda a Occidente es la segunda. Los sindicatos lanzan las mismas soflamas que en sus huelgas generales de los años 80 porque creo que no se han querido enterar de la liga que jugamos ahora, que los centros de gravedad económicos ya no se sitúan en este lado del mapa, sino a miles de kilómetros, como India y China, y que si no queremos perder el tren de la competitividad, no nos queda más remedio que aceptar una reforma laboral más que necesaria.

Creo que el gobierno de Zapatero no es responsable directo de situaciones como la evolución de las minas del carbón en Castilla y León, como tampoco lo fue el gobierno de Felipe González sobre el sector siderúrgico de Sagunto. Pero sí que son responsables de no haber advertido antes la situación y que la falta de competitividad de la minería de la provincia leonesa se haya hecho insostenible ahora cuando no hay opción alternativa para todos los trabajadores empleados en dicha industria.

Hace 30 años, los empresarios del automóvil de los EE UU no se explicaban cómo podría ser que los fabricantes de Japón les superasen en producción mundial de vehículos. Así que decidieron viajar al país asiático para ver qué ocurría. Allí descubrieron que el secreto del éxito de Japón no estaba en una mano de obra barata o en las ayudas del gobierno, sino en su política del “lean manufacturing”, sistema basado en la mejora continua y en producir los productos que el cliente verdaderamente necesita.

Ahora algo muy similar está ocurriendo en el mundo en desarrollo. No creo que sea noticia afirmar que los nuevos centros de gravedad económicos se desplazan hacia los mercados emergentes.

Si adquieres un nuevo un teléfono móvil seguramente estará fabricado en China. Si tienes un problema con Orange, Vodafone o Movistar, la llamada será atendida por una operadora de Colombia o Ecuador. Pero los países en desarrollo ya no se contentan con ser una fuente barata de mano de obra y conocimiento de bajo costo.

Actualmente se están convirtiendo en focos de innovación, con grandes avances en todo, desde las telecomunicaciones a la fabricación de automóviles a la atención de la salud. Rediseñan los productos hasta tal punto que logran reducir los costes hasta en un 90%.

Los indios, chinos o brasileños tratan de rediseñar los procesos de fabricación para hacer las cosas mejor y más rápidas que sus rivales occidentales.

Los países ricos pierden progresivamente el liderazgo en ideas innovadoras que transforman las industrias. Esto se debe en parte a que las empresas de los países más ricos realizan más investigación y desarrollo en los mercados emergentes.

Pero también es porque las empresas de los mercados emergentes y los consumidores también suben de categoría. Huawei, el gigante de telecomunicaciones chino, solicitó el año pasado 1.847 patentes, 300 más que las 1.536 que se demandaron en toda España entre universidades y empresas.

Patentes España y el mundo

Mientras que los sindicatos instaban a secundar la huelga general a todos los españoles, japoneses, estadounidenses y chinos presentaron el día de la huelga general más de un millar de patentes, lo que equivale a más conocimiento, más actividad económica y más puestos de trabajo.

Acabo de revisar los datos de la OMPI que hacen referencia a la situación de la propiedad intelectual en el mundo durante el año pasado, y los datos españoles son desoladores.

No hay empresas españolas entre las primeras 200 del mundo que mayor número de patentes solicitaron en el año pasado (ver cuadro). La actividad investigadora de las universidades españolas también dista a años luz de las primeras 50 universidades del mundo que hacen investigación, en lugares donde se comparte el conocimiento, la tecnología, hasta tal punto que se consiguen sociedades más preparadas para afrontar los retos más inmediatos.

Aquí se habla de acabar con la tarifa plana por parte de Telefónica, en un país como España donde el tiempo dedicado a navegar por Internet es de 12 horas a la semana, mientras que los chinos emplean 20 horas semanales.

Thomas Jefferson, el padre del sistema de patentes, lo explicó muy bien: “Quien recibe una idea de mí, recibe la enseñanza él mismo, sin que por ello la mía disminuya, del mismo modo que aquel que enciende su lámpara con la mía, recibe luz sin oscurecerme a mí”.

Y si en España no nos caracterizamos por nuestra actividad innovadora, no deberíamos hacer nada encaminado a restringir la circulación del conocimiento que se hace a través de la Red. Las ideas son la única materia prima que se propaga a un coste marginal cero. Una vez creadas, las ideas se difunden por todas partes, enriqueciendo todo lo que tocan.

En este sentido, el escritor e investigador William Rosen ha publicado recientemente un libro, “The Most Powerful Idea in the World: A Story of Steam, Industry, and Invention” (“La idea más poderosa del mundo: La historia del vapor, la industria y la invención”) donde rebate la creencia bastante instalada entre los historiadores de que la Revolución Industrial se inició en Inglaterra debido a la gran presencia allí de carbón.

Para Rosen, todo fue consecuencia de la creación de un sistema de patentes desconocido en cualquier país del mundo el que impulsó a los artesanos ingleses al campo de la invención y a los burgueses a apoyarlos financieramente.

Esa es la clave del sistema de patentes. Las empresas ganan dinero con la creación de ideas a través de la ley de propiedad intelectual. Eso es lo que las patentes, derechos de autor y secretos comerciales hacen: contener el flujo natural de ideas en la población durante el tiempo suficiente para obtener un beneficio.

En EE UU, Beth Noveck, una de los miembros de la administración Obama, y autora de un libro titulado “Wiki Gobierno”, ha liderado una iniciativa llamada “echa un vistazo a las patentes” (peertopatent.org), en el cual los ciudadanos apoyan al gobierno a revisar las solicitudes de patentes en un sistema donde se comparte el conocimiento para mejorar el rendimiento del gobierno.

Esta participación directa de los ciudadanos en los asuntos públicos ya la reclamó John Stuart Mill en 1861 y cada vez se hace más necesaria para alimentar la innovación en los países ricos y hacer frente a los cambios de la innovación disruptiva que viene de los países en desarrollo.

Las economías emergentes no son más que un reto que han de conducir a la innovación. Desde dichos países se ha desatado una ola de bajo costo, con innovaciones disruptivas que han llegado a todos los países occidentales y agita muchas industrias hasta sus cimientos. No estamos ante una crisis sin más, sino ante un cambio de modelo.

El cambio será doloroso para los que sigan resistiéndose en ver lo que ocurre a su alrededor, como suele ocurrir con la innovación disruptiva, pero eso es responsabilidad de quienes la ignoran o la desprecian.

Las empresas de los países emergentes están avanzando en un mayor número de frentes que lo que hicieron los japoneses hace 30 años y también lo hacen mucho más rápido, engullendo a los rivales occidentales.

La innovación emprendida en China o la India no se basa únicamente en la imitación y en la mano de obra barata, pues están muy concienciados en rediseñar productos y procesos que recorten gastos innecesarios.

Un ejemplo es el Tata Nano, el coche más barato del mercado, que cuesta 1.500 euros y que se ha conseguido no sólo porque se le han quitado elementos de confort sino porque la compañía india reinventó y minimizó el proceso de manufactura, a través de un diseño innovador.

Todo esto supone una buena noticia para los miles de millones de personas que viven en el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y otros países en desarrollo. Más consumidores tienen acceso a los bienes y servicios que hasta ahora eran sólo de unos pocos. Y bienes y servicios más baratos serán una bendición para los consumidores occidentales, quienes afrontan unos años de lento crecimiento en sus niveles de crecimiento económico.

A los gobiernos de los países occidentales les corresponde aprender de los errores del pasado, no poner barreras, favorecer la economía del conocimiento a través de la infraestructura necesaria que alimente la creación de empresas, la innovación y el triunfo del talento. Tenemos que ser los japoneses de hace cien años que aprendieron las técnicas de producción masiva de los estadounidenses, para intentar mejorarlas, como hacen actualmente chinos e indios.

Escrito el por Jorge Mestre en Economía, Política española 2 Comentarios

Juventud in-movilizada

De “Generación Perdida” hablaba el New York Times el pasado mes de enero para referirse a la grave situación del paro juvenil en España que afecta a prácticamente la mitad de jóvenes entre 16 y 35 años. Hace dos semanas este problema se volvió a debatir durante el foro organizado en Oslo por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La situación en lugar de mostrar visos de mejora a corto plazo, se le ha escapado de las manos al actual gobierno español, incapaz de generar políticas efectivas encaminadas a la contratación de los más jóvenes y de reinsertar en el mercado laboral a aquellos desempleados.

Pero más allá de las políticas que emanan de cualquier gobierno, se añaden en el caso español unos factores socio-culturales convertidos en endémicos que han empeorado el problema. Es cierto que, si por un lado, nos encontramos con una juventud mejor formada que la anterior, por otro lado, se trata de una generación que no ha sido ni educada, ni preparada para afrontar una crisis como la actual por culpa de algunos elementos imperantes en una colectividad como la española que atrapa a los jóvenes y los sumerge en la espiral del paro.

La juventud española ha cambiado, evolucionado y se ha modernizado mucho en cuestiones referidas a valores morales, pues la europeización vivida en España durante los últimos 35 años se ha plasmado en una tolerancia con lo relativo a la moral de cada uno, pero que también ha ido acompañada de una mayor dependencia e inmadurez, sobre todo en los vástagos de los “baby boomers” y especialmente en aquella generación de padres que vivieron el mayo del 68 y han educado a sus hijos ofreciéndoles mucho de accesorio y poco esencial, como como le he escuchado decir al sociólogo Francesc Xavier Altarriba.

Los jóvenes españoles conservan como se vislumbra encuesta tras encuesta muchas de las preferencias que en España, generación tras generación, se han instalado en el esqueleto de nuestra sociedad. La salud y las relaciones afectivas (familia, amigos y amor) son por delante del trabajo, ocio y estudios, prioridades de la gente joven. Posiblemente no le den tanta importancia al dinero como sí le dieron los de la generación “baby boom”, pero la importancia del entorno provoca que la movilidad geográfica entre el colectivo juvenil siga igual de nula que en sus progenitores.

Muchos de los jóvenes españoles han sido educados para vivir en la ciudad que les vio crecer, para encontrar una vivienda cerca del domicilio de los padres, para encontrar pareja en el círculo de amistades de los 15-25 años y para trabajar en la misma ciudad.

De hecho, la prioridad de muchos hombres y mujeres de entre 20-40 años sigue siendo la misma que la de sus padres, esto es, adquirir una vivienda y un coche. Esos dos bienes materiales, como los relacionados con ocio y la compra de ropa, justifican actualmente la gran mayoría de solicitudes de los préstamos al consumo en España.

Y no es que me parezca mal, pero llama la atención que la formación, como el pago de másters, la continuidad de estudios de posgrado u otra preparación académica no figura entre los fines para los que se solicitan dichos créditos bancarios.

Un estudio reciente de la empresa holandesa de recursos humanos Randstad incidía en estos mismos aspectos. El componente cultural, el concepto de familia y amigos, la preferencia de comprar una casa frente a alquilarla, el trabajo de la pareja, así como la inseguridad y la edad del candidato, impiden la movilidad geográfica de los españoles.

Amistades
Casi 7 de cada 10 estudiantes españoles reconoce tener siempre los mismos amigos, porcentaje muy elevado si se coteja con otros países de nuestro entorno como Francia o Alemania, donde la movilidad a la que acostumbran sus ciudadanos hace que una misma persona tenga diferentes grupos de amigos no sólo en su país, sino también fuera de él.

Hay quienes afirman que los programas Erasmus han cambiado mucho la movilidad de los estudiantes españoles, algo que no es del todo cierto y es, a la vez, ampliamente discutible. Personalmente soy de los que piensan que si bien la finalidad de Erasmus para estudiantes es muy loable, en estos momentos de crisis económica y con un 30% de universitarios en paro, ha demostrado todas sus carencias.

Un 72% de los estudiantes españoles ha salido en algún curso a estudiar al extranjero, porcentaje que puede parecer alto, pero muy bajo si lo comparamos con el 1,5% de jóvenes que cursan todo su grado universitario en cualquiera de los países de la Europa de los 27. Esa pequeña proporción aludida representa verdaderamente a las personas que estarían dispuestas a desarrollarse profesionalmente fuera de España, porque el resto de jóvenes que viajan lo hacen para aprender o perfeccionar un idioma y por el deseo de viajar, según el estudio de Pilar Pineda, “La movilidad de los universitarios en España”. Los motivos académicos-profesionales quedan relegados a un segundo plano.

Los 25.000 estudiantes españoles Erasmus son una cifra muy baja comparada no sólo con los de China, EE UU, Japón, Francia, Alemania o Italia, sino que incluso nos superan estados como Marruecos, Grecia, Polonia o Kazajstán. El número de estudiantes autóctonos más allá de nuestras fronteras se sitúa en niveles similares a Ucrania.

¿De qué sirve entonces que España sea uno de los estados que más invierte para que sus alumnos estudien en el exterior si luego sólo el 28% está realmente dispuesto a cambiar de residencia por motivos de trabajo? Aquí vuelven a entrar en juego los factores educacionales y culturales aludidos en este artículo que influyen ahora de forma tan perversa sobre el paro juvenil.

La movilidad debería de ser una práctica generalizada entre todos los jóvenes, estudiantes o no, pero es necesario para ello reconsiderar las políticas actuales e instaurar un sistema de incentivos y becas pero que favorezca no sólo a aquellos jóvenes que proceden de un nivel socioeconómico medio-alto, ya que eso supone la falta de equidad en el acceso a programas de traslado geográfico.

Resulta asombroso que el nivel de renta influya más que los logros académicos de los estudiantes y se prive a miles de universitarios a ampliar sus horizontes académicos por una política que se ha comprobado ineficaz.

Los ejemplos de China y la India son ilustradores. En el primer caso, han pasado de tener 13.997 personas estudiando en otros países en 1974, a 181.200 en 2002, y la asombrosa cifra de 343.126 en 2004, lo que ha convertido a China en el primer país de origen en enviar universitarios. Los vínculos y las redes –lo que los ingleses llaman networks– que sus jóvenes han establecido en terceros países han tenido un impacto importante en el crecimiento económico chino y la calidad de su educación superior, como admite Madelyn C. Ross en un informe del Instituto de Educación Internacional.

En el caso de la India, el deseo abrumador por parte de sus estudiantes universitarios, alentados siempre por sus padres, a adquirir una licenciatura en el extranjero ha conducido a tener cerca de 130.000 alrededor del mundo. La búsqueda de una mejor educación, la empleabilidad en el mercado laboral mundial, y el deseo de establecer vínculos estratégicos de tipo personal se han convertido en los principales impulsores de la movilidad internacional de los estudiantes indios. Por eso no resulta extraño que sus estudiantes se hayan convertido en mano de obra cualificada en los Estados Unidos.

Tanto China como India además de estar entre los principales emisores de estudiantes al extranjero, se van a convertir en los años venideros en importantes países receptores de estudiantes universitarios de todo el mundo.

La reflexión que deberíamos realizar en España es importante. Resulta desalentador que sólo uno de cada diez universitarios españoles estudia en centros de fuera de su comunidad, lo cual no es de extrañar porque prácticamente hay una universidad en la puerta de casa de cada alumno. Aquí tenemos 714 centros universitarios frente a los 164 del Reino Unido, o lo que es lo mismo, 2.380 estudiantes por facultad en España frente a los 14.000 del caso británico. No es que las aulas allí estén abarrotadas de universitarios, pero la racionalidad de la organización de su sistema evita que puedan aflorar tantas universidades como ha ocurrido en España desde 1982.

Si desde bien temprano se educa y acostumbra a las personas a tenerlo todo al alcance de la mano, familia, amistades, pareja y trabajo, en su entorno más inmediato, se contribuye a edificar un estilo de vida paternalista que en circunstancias tan negativas como las actuales se convierte en una trampa para los jóvenes parados españoles.

La movilidad académica internacional contribuye al desarrollo de la ciencia, el pensamiento y, en definitiva, al progreso. Si se quiere atajar el problema del desempleo juvenil habrá que emprender una transformación radical de esos principios autocomplacientes que se resumen en expresiones del estilo “como en España no se vive en ninguna parte” por parte de toda la sociedad, no sólo del gobierno, sino especialmente de todos aquellos que asumimos un rol educador.

Escrito el por Jorge Mestre en Economía, Política española 3 Comentarios
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