Internet e Innovación

Cómo he registrado mi Kindle DX US

Cómo fui uno de los que no pude esperar el pasado año a que el Kindle sacara una edición global y quise tenerlo en mis manos lo antes posible, en junio de 2009, recibí la edición de Kindle versión americana cuya conectividad a Internet, a través de Whispernet, está totalmente limitada a EE UU. Al cabo de los meses, Amazon solucionó esa barrera firmando acuerdos con las operadoras de telefonía móvil y poder asegurarse el acceso a Internet gratuito para los usuarios a través de 3G, iniciativa completamente revolucionaria porque aquí nadie tiene acceso a Internet sin el correspondiente pago del peaje.

Un año después, con la versión 2.5.4 en circulación del Kindle -aunque ya va por la 2.5.6-, la actualización del sistema (yo estaba en el 2.1) la he podido llevar a cabo manualmente, sin necesidad de Whispernet, mediante el registro del aparato que esa sí que es condición obligatoria para poder actualizar el Kindle. La información está disponible en Mobileread y si alguien que lo haya intentado y no haya logrado actualizar el firmware de su lector de libro electrónico que me mande un mensaje. Yo ya lo tengo actualizado y con todas las bondades del nuevo firmware, aunque Amazon también tiene una sección del solución de problemas.

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Kindle frente al iPad

Creo que intentar comparar el Kindle con el iPad resulta muy parecido a hacer lo mismo entre una cámara digital compacta y la de cualquier teléfono móvil. Y digo esto porque aunque haya quienes mediáticamente buscan un ganador en el largo plazo, pienso que la brecha que separa a ambos dispositivos, por encima de las diferencias técnicas, es que los dos están hechos para fanáticos, pero mientras el primero lo es para los fanáticos de Apple, el segundo lo es para los de la lectura, que son en número muchos más que los primeros.

No tengo ninguna intención de hacerme con un iPad, si bien tengo el Kindle DX US, porque con mi portátil, mi notebook y mi dispositivo de Amazon, voy sobrado. Pero no es esa la única razón. Hay más y a continuación las mencionaré.

El iPad es un producto al que hay que felicitar por su extraordinaria campaña de marketing. Apple no lo podía haber hecho mejor. Ha creado la necesidad en un producto que tiene auténticas carencias, todas ellas conocidas, como que no es multitarea (no puedes escuchar música al mismo tiempo que navegas por Internet); no cuenta con cámara; no soporta flash; no dispone de puertos USB; tampoco tiene salida HDMI, etc.

Sí que es verdad que el iPad permite más opciones frente al Kindle que tiene una función básica, la de facilitar la lectura de libros electrónicos. Por ello ha habido algunas voces que alertan de que el lector de Amazon podría correr la misma suerte que corrieron las máquinas de escribir, debido precisamente a esa única utilidad.

Pero bajo mi punto de vista el Kindle es más que un hardware. El Kindle es también un entorno para leer sus libros.Así, Amazon facilita la lectura a través de su aplicación desarrollada en los últimos meses para PC, Mac, iPad, Blackberry, Androide y iPhone. Es decir, que a Amazon no le interesa tanto decir que ha vendido 3,3 millones de dispositivos en los últimos cinco meses como destacar que por cada libro de papel vendido, la gente compra casi dos libros en versión Kindle.

Por tanto, el Kindle es más revolucionario que el iPad. De hecho, Apple no ha conseguido con el iPad el mismo efecto que logró con el iPod o el iPhone, me refiero a poner patas arriba la industria musical con iTunes.

Amazon sí que lo ha hecho con la industria editorial. La libería Kindle permite actualmente comprar 630.000 títulos, mientras que la iBookstore de Apple no alcanza la mitad. Si tenemos en cuenta que la empresa de Jeff Bezos ofrece más de medio millón de libros, incluyendo best sellers, por unos 8 euros (9,99 $), se puede entender que la experiencia de la lectura resulte más atractiva con el Kindle que en el iPad.

Amazon no ofrece pues un dispositivo totalmente dedicado a la lectura, sino que tiene detrás una gran plataforma de comercio electrónico construida sobre el negocio de la venta de libros con una numerosa comunidad de visitantes y un sofisticado motor de recomendaciones. Y ahí juega con una gran ventaja sobre Apple.

Siguiendo con el asunto de la oferta editorial de ambos, se sigue echando en falta, una mayor presencia de títulos en español. Sería interesante analizar las causas, aunque me temo que lo que en fondo subyace es una resistencia por parte de las principales editoriales españolas a perder el control del negocio de la venta de libros, donde obtienen un buen margen en comparación a lo que les quedaría si canalizaran sus ventas a través de Kindle. Pero de todos modos, es cuestión de tiempo. Mucho me temo que acabarán cediendo y tendrán que sacar sus catálogos tanto en Kindle como en la iBookstore.

Desde un punto de vista técnico, hay quienes aseguran que el iPad supera al Kindle en haber creado un producto estéticamente más atractivo. Podría ser, pero no lo veo como razón suficiente para que la gente se decante por él. Es más, los tres millones y pico de iPads vendidos son, diría yo, fruto de la fuerte campaña de marketing que le imprime Apple a sus lanzamientos, con una masa de clientes que no son consumidores tradicionales y que compran todo, o casi todo, lo que anuncia Steve Jobs.

La experiencia de leer un libro en el iPad es “pasable”, mientras que en el Kindle es “excelente”. Sin embargo, y aunque pueda parecer que Amazon tenga ahí también ventaja, hay un dato reciente que ha sobresaltado a más de uno: los cinco millones de e-books descargados en la iBookstore en sus primeros 65 días para iPad, una media de 2,5 por aparato, sugiere pensar que muchos propietarios de Kindle están adquiriendo la tableta de Apple y comenzando a cambiar una parte de sus compras de libros a la librería también de Apple.

La reacción de Amazon ha sido clara, romper precios, y sacar un dispositivo nuevo este mes. El Kindle más económico está ahora en unos 100 euros, mientras que el iPad más económico cuesta 488 euros. Las versiones 3G de ambos dispositivos también tienen diferencias sustanciales. La más barata de Kindle no llega a 150 euros, mientras que en el iPad está en 589 euros. Incluso el producto de Amazon más caro, el Kindle DX, no llega a los 300 euros.

Hace tres años, cuando Amazon sacó su primer lector de e-books, el precio superaba los 300 euros. Ese descenso vertiginoso del 300% podría explicar su estrategia de negocio, reducir márgenes con el Kindle a cambio de fortalecer su negocio de comercio electrónico de libros. De hecho, esa es la gran alternativa de Amazon frente a Apple. Quien sea exigente con la calidad de lectura, se comprará el hardware, y quien elija un libro sólo por el precio de Kindle, lo podrá disfrutar en su ordenador, en su móvil e incluso en su iPad. Y es precisamente en ese terreno donde Apple llega tarde.

[SURVEYS 3]

Escrito el por Jorge Mestre en Internet e Innovación Dame tu opinión

La web significa el fin del olvido

El hecho de que Internet nunca parece que olvida es una amenaza casi existencial por nuestra incapacidad de controlar nuestras identidades, de tener la opción de reinventarnos, poder empezar de nuevo y superar nuestros pasados. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con historias de personas más o menos cercanas que han querido borrar de Internet imágenes, tweets, comentarios o posts sobre su persona? o ¿cuántas veces los reclutadores de empleo se basan más en Internet que en las cartas de recomendación? y ¿cuántas mujeres y hombres, antes de una cita, googlean para saber de la otra persona? Respuestas a esas preguntas son las que la semana pasada se formuló Jeffrey Rosen, profesor de leyes de la Universidad George Washington, en el New York Times. Resumo algunas de las afirmaciones realizadas por Rosen:

Datos
– Un estudio de la Universidad de California, Berkeley publicado en abril de este año, afirmó que la gran mayoría de personas entre 18 y 22 años repalda la existencia de leyes que exijan a los sitios Web eliminar toda la información almacenada sobre individuos (88 por ciento) y que ofrezcan a la gente el derecho a conocer toda la información que los sitios web conocen sobre ellos (62 por ciento) -porcentaje que reflejaba el punto de vista sobre la privacidad de los adultos mayores. Un estudio reciente de Pew halló que los jóvenes de entre 18 y 29 años están en realidad más preocupados por sus perfiles en línea de lo que las personas mayores están, cuidando de eliminar los mensajes no deseados, eliminando sus nombres de fotos etiquetadas y censurándose a sí mismos, ya que comprenden los peligros de compartir en exceso.

– Según una reciente encuesta realizada por Microsoft, el 75 por ciento de los reclutadores y profesionales de recursos humanos en los EE.UU. dicen que sus empresas les obligan a hacer investigación en línea sobre los candidatos, y muchos utilizan una serie de sitios al examinar a los candidatos -incluyendo motores de búsqueda, sitios de redes sociales, sitios de intercambio de fotos y videos, sitios Web personales y blogs, Twitter y sitios de juegos de azar en línea. El setenta por ciento de los reclutadores de los EE.UU. informa que han rechazado candidatos debido a la información encontrada en línea, como fotos y foros de discusión, y la membrecía en grupos controversiales.

Filosofía
– A menudo se dice que vivimos en una era permisiva, una con una infinita cantidad de segundas oportunidades. Pero la verdad es que para un gran número de personas, el banco de memoria permanente de la Web imposibilita cada vez más que haya una segunda oportunidad –no hay oportunidades de escapar a la letra escarlata en tu pasado digital. Ahora la peor cosa que has hecho es que todo el mundo sabe acerca de ti.

– En un libro reciente, “Delete: The Virtue of Forgetting in the Digital Age”, el estudioso del ciberespacio Viktor Mayer-Schönberger cita el caso de Stacy Snyder como un recordatorio de la importancia del “olvido social”. Al “borrar memorias externas,” dice en el libro, “nuestra sociedad acepta que los seres humanos evolucionamos con el tiempo, que tenemos la capacidad de aprender de las experiencias del pasado y ajustar nuestro comportamiento”. Una sociedad en la que todo está registrado “nos sujetará por siempre a todas nuestras acciones pasadas, haciendo imposible, en la práctica, escapar de ellos”. Concluye que “sin alguna forma de olvidar, perdonar se convierte en una tarea difícil”.

Propuestas
Alex Türk, el comisionado de protección de datos francés, ha pedido un derecho constitucional “al olvido” que permita a los ciudadanos mantener un mayor grado de anonimato en línea y en lugares públicos. En Argentina, los escritores Alejandro Tortolini y Enrique Quagliano han iniciado una campaña para “reinventar el olvido en Internet”, explorando una variedad de opciones políticas y tecnológicas para hacer que los datos desaparezcan.

– En el mundo Web 3.0, la gente será clasificada, evaluada y calificada de acuerdo a los demás, no en su capacidad crediticia, sino en su confianza como buenos padres, buenas citas y buenos empleados.

Paul Ohm, profesor de derecho en la Universidad de Colorado, aprobaría una ley que declarase ilegal que los empresarios puedan despedir o se nieguen a contratar a alguien sobre la base de conductas lícitas fuera de servicio publicadas en Facebook o en perfiles de Google.

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