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Muerte de un innovador

Miércoles, 20 de junio de 2007

La muerte del diseñador italiano Gianfranco Ferré abre un período histórico en la maison y una nueva etapa para la moda italiana, sobre todo en lo que se refiere a la sucesión de las viejas glorias, algo que la moda francesa ha sabido encauzar con mejor fortuna que la industria italiana.

Gianfranco Ferré formó parte de la gestación de la industria de la moda italiana tal como la conocemos actualmente. Tan fuerte, aguda e inteligente. Vital se podría decir. Él fue parte del gran grupo: Albini, Mandelli, Armani, Cerrutti y Versace.

Todos ellos representaron una época en la que exhibían un frente unido de la moda italiana. Circunstancias que no se repiten en la actualidad. Por ejemplo, Claude Montana trabaja para Complice o el italiano Riccardo Tisci para Givenchy.

¿Existe actualmente moda italiana? Esa es la pregunta que circula estos días en los medios italianos. ¿Hay moda francesa? Roland Mouret es francés pero residente en Londres. ¿Nicolas Ghesquière en Balenciaga? ¿Christophe Decarnin para Balmain?

No creo que en la actualidad representen un movimiento, más bien la gente idónea para un puesto concreto. Todos forman parte de la familia de la moda global y sus estudios de trabajo están atiborrados de personas procedentes de otras nacionalidades.

La moda forma parte de una comunidad global. Cuando la gente va a París a ver las colecciones no viaja a ver un escaparate de diseño francés, sino a ver las tendencias de la moda internacional. Esa es una de las razones por la que la palabra “moda italiana” o “moda francesa” suena algo anticuada. No vivimos en una época donde conozcamos un movimiento puro encasillado a unas fronteras geográficas. Sólo hay que echar un vistazo a la moda de EE UU. La mayoría de sus diseñadores proceden de Cuba, Brasil, Laos, Vietnam, China… Ellos son parte de dicho comunidad global.

El ejemplo de Riccardo Tisci sirve de muestra. Es un diseñador de origen italiano, pero nunca ha trabajado en su país. De la St. Martins pasó directamente a los talleres de Givenchy, por lo que no creo que su nacionalidad influya mucho cuando se analiza su trabajo.

Un ejemplo diferente fue el famoso grupo “Antwerp Six”, ese grupo de diseñadores innovadores de Amberes que hasta que no se constituyeron como grupo no fueron objeto de atención de la prensa. Pero la razón de esa desatención fue que Bikkembergs o Demeulemeester procedían de una zona sin tradición internacional de moda.

Ferré ha sido un maestro del arte de la moda, de los negocios y de su propio concepto de la moda. Siempre he admirado la coherencia intelectual y artística con la que Ferré condujo hasta el final sus ideas, con esa independencia absoluta que era la señal más fuerte de su personalidad.

Fue un personaje a quien le costaba adaptarse a las nuevas tendencias o cambios en la moda, lo que le enfrentó con parte de la prensa y de los colegas de profesión. Este rasgo pudo verse en un pasaje de la película “Prêt-à-porter” (1994) de Robert Altman con GFF en la presentación de su colección de invierno para Dior ante una audiencia que incluía a Sofía Loren y Marcello Mastroiani. Por cierto, Valentino y Karl Lagerfeld inmediatamente prohibieron la entrada a sus desfiles de las cámaras de Altman para evitar la crítica satírica de este último.

Esta clase de diseñadores se han acabado, pertenecen a otra época, a un mundo diferente. Los diseñadores de ahora son formados de manera diferente. Los directores artísticos adquieren riesgos calculados y desarrollan su propio estilo más lentamente de lo que se hacía antes.

La moda italiana ha innovado poco en los últimos años y no lo hará hasta que no encuentre diseñadores capaces de integrar conjuntamente las características de las viejas glorias. Con la muerte de Gianni Versace y de Gianfranco Ferré, la industria italiana ha perdido dos grandes activos y, lo que es peor, sin capacidad de reponerlos. A diferencia de otros países con industria de moda, en Italia fueron los propios industriales quienes se convirtieron en diseñadores para promover sus productos. Su industria nació del textil. Resulta importante ver si estos gigantes industriales pueden ponerse detrás de un nuevo grupo de diseñadores. Ha llegado la hora de renovar y encontrar nuevos nombres moldeados bajo los prohombres de la moda.

En las estructuras organizativas de las firmas de moda se refleja cada vez más un concepto muy global de la moda, incluyendo a diseñadores del Reino Unido, Alemania o EE UU. El propio nombramiento de Ferré en 1989 por Dior como director artístico para sustituir a Marc Bohan fue considerado un escándalo y despertó fuertes críticas como la del socio de Yves Saint Laurent, Pierre Bergé, quien vino a decir que “abrir las puertas a un extranjero, en este caso italiano, es una falta de respeto a la creación francesa”.

La incertidumbre que reina sobre el imperio de GFF se dirige a conocer quién será su sucesor como director creativo. ¿Italiano, japonés, coreano, británico..? Da lo mismo, aunque al orgullo italiano sí que le interesa.

Moda y tendencias, Varios

Semana de la Moda de Valencia

Sábado, 3 de febrero de 2007

Semana de la Moda de ValenciaPropongo que el año que viene la Semana de la Moda de Valencia coincida con… las Fallas, la Feria de Julio o con alguna fiesta local en los alrededores de la Ciudad de las Ciencias. Porque vaya organización, los de siempre dándonos el tostón con los mismo, otra vez lo mismo y siempre lo mismo.

Ya puede haber alguno que fallara en creatividad durante la última edición que repite y lo hará por los siglos de los siglos. El caso es que ni encuentro orden, ni línea argumental ni nada de nada. Cada edición se convierte en una sorpresa que te puede trasladar desde los Newar del valle nepalí del Katmandú a los umbundus, mandingas o maasais.

Me parece un puro desastre y una manera inútil de invertir el dinero público que se acaba repartiendo entre los mismos, sí los diseñadores vitalicios de la Semana de la Moda. Porque allí desfilan dos tipos de creativos. Por un lado, la gente que buenamente empieza en el mundo de la moda y aprovecha todas las oportunidades para exhibir su creatividad. Son quienes a la mínima que pueden se marchan a Florencia, Italia, París, Londres, Barcelona, Madrid, Nueva York… para progresar en su carrera. Bravo por ellos. Y luego se encuentran quienes acuden a la cita de Valencia como premio de consolación a una trayectoria provinciana y que piensan jubilarse así.

El problema aparece también cuando en el otro lado de la pasarela se sitúa un público repleto de los propios diseñadores, farándula, amigos de los amigos del hermano del diseñador, la amiga del primo del novio del fotógrafo y el resto de la tropa.

Claro, la pregunta qué habría que hacerse es si a los diseñadores lo que les interesa es exhibirse ante compradores y prensa o ante el resto de cofrades que se dedican con tan mala educación y poca clase a chismorrear del anfitrión como alcahuetas.

Lo más fuerte de todo es que sean los propios diseñadores quienes se dediquen a opinar de las colecciones de los demás. “Que si la propuesta de fulanito es arriesgada, que si la Semana de la Moda es tal o es cual…”. A ver, que yo sepa la tarea de criticar le corresponde al periodista y al comprador… ¿pero al diseñador? A mí me resultaría muy desagradable tener que juzgar públicamente el trabajo de un colega. Aunque algunos diseñadores consiguen de ese modo un 2 x 1 en los medios, es decir, desfile + declaraciones.

Más valdría que cada uno se dedicara a lo suyo y se le prohibiera la entrada en los desfiles de los demás. Porque eso no pasa en ninguna pasarela del mundo. Los asientos deberían ir dirigidos a VIPs, clientes y prensa con su numerito correspondiente. Los demás, de pie. Qué es eso de que la entrada a un desfile se convierta en una fiesta donde acudan cientos de personas y la mitad… bueno, más de la mitad se queda fuera.

El dinero público no debería ir dirigido a la financiación de actos sociales de cada diseñador sino a posibilitar su proyección. Si da lo mismo que venga Juana o su hermana, sigamos celebrando semanas de la moda, pero la próxima que sea durante la Feria de Julio.

Moda y tendencias, Varios

Estampa de moda

Jueves, 22 de junio de 2006


El diablo se viste de PradaNo será hasta septiembre cuando se estrene en España “El diablo se viste de Prada”, película que he tenido oportunidad de ver por medios que prefiero no detallar. Aunque el título suene a esnobista o pedante, creo que es la primera película que mejor describe el mundo de la moda, con un argumento
cargado de ironía y desenfado, pero exagerada en algunos aspectos.

La película se basa en la novela del mismo nombre, escrita por Lauren Weisberger, que trabajó en Vogue y que con su experiencia describe las revistas de moda como redacciones dirigidas por una especie de insufribles déspotas caprichosas. Andrea (encarnada por la actriz Anne Hathaway) es una mujer joven que podría haberse dedicado a escribir de relaciones internacionales pero se deja llevar en su fascinación por la directora de la revista, Miranda (Meryl Streep). Ella dicta la moda en el mundo entero. Millones de lectoras siguen fielmente sus recomendaciones; sus empleados y colaboradores la consideran un genio; los grandes creadores la temen. Todos, sin excepción, la veneran.



“El diablo se viste de Prada”
ofrece una visión actual de la moda y describe a los periodistas como funcionarios que viven, visten y piensan según los edictos de las multinacionales.

A Andrea le gusta inicialmente escribir de moda porque lo considera como una oportunidad para hacer crítica social. Atraída también por el periodismo para corregir los errores sociales, se va quedando desconcertada por sus compañeros de trabajo. Entre ellos está Emily (Emily Blunt), otra de las asistentes de Miranda, que trabaja al límite con la idea de acompañar un día a su directora a los desfiles de alta costura en París.

Al final, Andrea no se deja engañar por este escaparate donde la mayoría de diseñadores, estilistas, editores o publicistas cuando no hablan de ropa lo hacen de preciosas casas, como la de Karl Lagarfeld en Biarritz o la de Ferragamo en la Toscana. En épocas de desfiles comen en los mismos tres o cuatro restaurantes de Milán y París. Ellos van también a los mismos lugares en vacaciones. Un año eligen Capri y otro Bután.

Durante la película se ataca el trabajo de los directores de las grandes revistas, temerosos de fallar en las tendencias propuestas. Se nos descubre un lado oscuro y diabólico desconocido para muchos. Por ello, la película es realmente el mejor retrato de la moda desde “Unzipped” el documental que en 1995 se hizo sobre el diseñador Isaac Mizrahi. El mensaje es claro, desdén antes que admiración.

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