Política española

Érase una vez…


Rodríguez ZapateroÉrase una vez, la mañana de un 12 de julio de hace diez años, tres días después de haber sido secuestrado Miguel Ángel Blanco, y pocas horas antes de ser asesinado… cientos de miles de españoles se echaron a la calle en todas las ciudades para pedir su liberación. Y cuando digo todas también me refiero a León.

Allí unas 12.000 personas recorrieron las principales calles de la ciudad. Entre los asistentes al acto, además del alcalde, representantes del Gobierno, dirigentes sociales, sindicatos,  había un miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, un tal José Luis Rodríguez Zapatero, colocado detrás de una pancarta que pedía libertad para Miguel Ángel Blanco y que sólo tuvo palabras de protesta contra el chantaje que ETA había interpuesto al Gobierno de aquel entonces: acercamiento de presos etarras o tiro en la nuca a Blanco.

Tal y como se recoge en las hemerotecas de aquel entonces, Zapatero calificó aquello como “una acción injustificable de una banda de asesinos sin escrúpulos que pretenden chantajear al Estado”.

Vaya, vaya… Diez años después, Zapatero es quien ha tenido que enfrentarse al chantaje terrorista y en lugar de sacar la muleta y enfrentarse con responsabilidad, firmeza y decisión ha corrido espantado al burladero.

La mayoría ciudadana se ha indignado por la decisión del Gobierno. Mal asunto. Entre quienes mejor se han expresado, está el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, veterano militante socialista y cuyo hermano Fernando fue asesinado por ETA. “Cuando yo fui ministro del Interior hubo un grupo de presos del GRAPO que se declararon en huelga de hambre, y uno de ellos murió. Qué le vamos a hacer. Esa es mi experiencia y la hubiese mantenido siempre”.

No se trata de defender a un partido o a otro, se trata de hacer justicia, porque además de poderse haber evitado, nunca hasta ahora se había cedido al chantaje de ETA y menos después de que sólo hace dos meses asesinaran a sus dos últimas víctimas.

Zapatero tenía que haber practicado justicia por respeto a todos los españoles y al millar de víctimas inocentes que ETA ha asesinado.

Ahora les corresponde a los españoles castigarle en las próximas elecciones.

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Bandera e himno


López Garrido no quiere ver banderas en las manifestacionesAl PSOE, por boca de Diego López Garrido, no le gusta que nadie ondee la bandera de España o se interprete el himno nacional. Si alguien lo hace, como ocurrió en la manifestación del pasado sábado, “transgrede” las leyes según López Garrido. Vamos, se convierte en un hereje. Pues no señor. La ley que ahora tergiversa dice los sitios donde por narices hay que poner el himno, pero no lo prohíbe, porque himno y bandera nos pertenecen a todos y jamás se prescribirá su uso. Si uno quiere tararearlo en su coche, entonarlo en casa o con un grupo de amigos está-en-su-derecho, sólo con el riesgo de ser sometido al castigo de la izquierda inquisitorial que todo aquello que no le gusta, termina prohibiéndolo.

El verdadero problema de este PSOE es que como a sus actuales dirigentes les produce grima los símbolos nacionales, tampoco quiere que nadie haga uso de ellos. Pues bien, me acabo de colocar una bandera de España de metro y medio en el balcón de mi casa porque no consiento que nadie hiera mi orgullo patriótico. Aunque la bandera represente a una España que no existe, no pienso cambiarla ni por la bandera roja, ni por la del arco iris, ni por la de la Segunda República… todas ellas tan presentes en las marchas contra la guerra de Irak, que no contra la guerra de Somalia, contra el genocidio de Sudán o contra la bomba atómica de Irán y done nunca nadie muestra la rojaigualda.

Y que nadie me toque mi bandera que, por cierto, tuve que comprarla en Ebay porque me niego a tener que adquirirla en establecimientos de artículos militares, únicos sitios que comercializan las banderas españolas, porque quien la vende es tachado de reaccionario o fascista por los inquisidores habituales.

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Muerte al alcalde


Santiago MainarHan pasado 24 horas desde la detención del presunto homicida del alcalde de la población oscense de Fago y hay quien se empecina que la noticia no salga de la sección de sucesos. El alcalde, del PP, fue abatido por su contrincante político del PSOE.

Lo ocurrido me parece un ejemplo de cuán está radicalizada la batalla política en nuestro país. Por supuesto, tengo claro que porque un socialista haya acabado con la vida de su rival político, no significa que los demás vayan a coger la escopeta para resolver sus diferencias ideológicas.

Sin embargo, diferentes episodios vividos en los últimos años nos han acostumbrado a apreciar el uso de modos violentos impropios en una democracia. Me refiero al acoso a los políticos del PP, a tratarlos a tomatazos, a insultarlos, a sitiar sus sedes, a zarandearlos… Hace unos meses, el vándalo dirigente de las juventudes socialistas de Martorell fue detenido por agredir a Ángel Acebes y Josep Piqué. Anteriormente, Gallardón, Rajoy, Arenas, Rato, otra vez Piqué e incluso Aznar fueron objetivo de estos descerebrados que parecen dispuestos a cargarse de un plumazo el espíritu de reconciliación conseguido en la transición.

Y ahora llega el infame, el abyecto, el vil Santiago Mainar y asesina al alcalde de un pueblecito pequeño del Pirineo aragonés, al representante elegido por todos sus conciudadanos. Pero si arcadas son las que provoca este personaje, que Fago sea un pueblecito de 40 habitantes no merece ser olvidado por los dirigentes del PSOE, por su secretario de Organización y secretario general, Blanco y Zapatero, quienes no han dedicado todavía ninguna palabra de condena hacia lo ocurrido, sobre todo, si tenemos en cuenta que el detenido acudió a las elecciones bajo las siglas del PSOE.

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