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Estalisnao y Alejandro, dos estudiantes dispares

Jueves, 17 de mayo de 2012

Angela Merkel Y Mariano Rajoy

Imaginemos dos alumnos de 16 años, llamados Estanislao y Alejandro, que el año que viene cursan segundo de Bachillerato y que, por tanto, se juegan su paso a la universidad con el examen de selectividad por medio.

Estanislao y Alejandro son dos jóvenes normales a quienes les gusta disfrutar de las mismas actividades que a cualquier chico de su edad. Sin embargo, desde el punto de vista académico son completamente diferentes y a sus resultados me remito.

Alejandro es un chico aplicado que lo aprueba todo y con nota, porque es muy disciplinado en sus hábitos de estudio y no es de quienes se dejan todo para el final. Por ello, Alejandro reúne todas las aptitudes necesarias para poder acceder dentro de un año a la carrera universitaria que desee.

Al contrario de Alejandro, Estanislao lleva de cabeza a sus padres. No saben qué hacer exactamente con él para que pueda ser como dice su madre “un joven de provecho” con una carrera universitaria que le abra un horizonte laboral y personal deseado por cualquier padre o madre. Estanislao sí es de quienes se deja los estudios para el último día y así le va. Se entretiene con todo, con la televisión, con la consola, con tuenti y con cualquier otro ladrón de tiempo.

Sus notas académicas son totalmente mejorables y ponen en peligro su paso no sólo a segundo de bachillerato, sino a la selectividad y la Universidad.

El padre de Estanislao, de nombre Mariano, ha sido convocado a una reunión por el tutor de su hijo para tomar una decisión respecto al próximo curso, es decir, analizar juntos si es conveniente repetir curso o, por el contrario, pasar con el resto de sus compañeros al siguiente nivel.

El tutor asegura que si bien su hijo no está preparado para pasar de curso, a lo mejor repasando duro en el verano, sacrificando las vacaciones familiares, un cambio en los hábitos de estudio, limitar sus salidas con amigos y prácticas deportivas, así como incorporarle un profesor particular todos los días durante dos horas, podrían quizás conseguir que Estanislao se ponga ya no al nivel de Alejandro, sino al mínimo necesario para aprobar segundo de bachillerato y afrontar posteriormente la selectividad.

La otra alternativa es hablar seriamente con Estanislao y plantearle que la opción preferible es repetir curso. Aunque eso suponga tener nuevos compañeros, y ser el mayor de la clase, podría darle la dosis de confianza necesaria para que sin necesidad de dejarlo encerrado en casa estudiando hasta las tantas, pueda progresar más a su ritmo que al que lo hace Alejandro.

Mariano, padre del chico, está en un dilema. “¿Qué hacemos?”, le pregunta a su mujer mientras casi dormitan. Ella está preocupada en presionar demasiado a Estanislao por todos los sacrificios que tendría que hacer y por pasar de curso sin estar realmente preparado para ello. Sabe que su hijo está capacitado pero teme, como buena madre, que apretar en exceso al joven podría tener consecuencias mucho peores a las que el tutor había planteado a Mariano en la reunión matutina.

“Mariano –le dice su mujer- toma tú la decisión que tú sabes que yo no hice la selectividad y sabes mejor de qué va eso”.

Mariano está impaciente por ver a su hijo en la universidad y finalmente se deja llevar por las palabras del tutor.

Sin embargo, Mariano obvia una cosa muy importante. La capacidad de Estanislao es limitada porque es un joven de 16 años, que necesita madurar bastante, y a quien no se le puede inocular las lecciones de matemáticas, química o física por mucho que Mariano esté impaciente por ver a su hijo con el resto de compañeros entrando en la universidad.

La decisión de Mariano resulta fatídica. Tanta obligación y tanta presión terminan por convertir lo que parecía una solución en un problema mayor aún. El rendimiento de Estanislao en el curso siguiente será nefasto. Le faltarán horas de sueño, le sobrarán imposiciones, le faltará salir al cine con los amigo, le sobrará tanta penitencia, y lo que es peor no accederá al selectivo, ni a la universidad.

Estanislao será un joven frustrado tras las exigencias de su padre y a quien siempre le reprochará haberle estrujado tanto para quedarse además a medio camino de las pruebas examinadoras que le hubieran abierto paso a la facultad. Sin embargo, Estanislao no abdicará en sus metas personales y conseguirá ganarse la vida honradamente igual que su antiguo compañero Alejandro. La única diferencia entre ambos, haber elegido caminos diferentes.

 II

Todos nosotros conocemos de cerca a Estanislao y Alejandro, nombres ficticios para construir una parábola referida a España y Alemania.

Los economistas y los políticos tienden a manejar a los estados y a quienes vivimos en ellos como seres inertes similares a los chicles que toleran ser estirados por sus diferentes extremos para conseguir la forma que ellos desean. Pero se equivocan.

El alemán Friedrich Ratzel ya se refirió hace dos siglos a los estados como organismos vivos que necesitaban un entorno para seguir creciendo. Es conocida la metáfora de Ratzel comparando al estado moderno con la biología, y concretamente con las plantas o las personas, quienes necesitan un espacio vital (Lebensraum) para seguir creciendo.

Los estados también necesitan su “Lebensraum” para que sus individuos tengan su espacio vital de desarrollo, un horizonte personal donde nadie se sienta estrangulado y donde tenga posibilidades de valerse por sí mismo.

Pero en el punto en el que estamos actualmente, nada de esto me parece factible. Cada día que pasa hay una vuelta de tuerca más sobre el conjunto de una sociedad, la de los españoles, que lo único que quiere es prosperar, que la dejen en paz y poder salir adelante con sus familias.

Veinte años después del anuncio de un nuevo orden mundial por George Bush senior donde el fin de la guerra fría parecía también la conclusión de la idea de los estados-nación en favor de organismos supranacionales, al estilo de la Unión Europea, creo más bien que debe haber y, de hecho ya existe, una reivindicación absoluta del soberanismo en todas sus facetas porque el modelo que se ha pretendido imponer por parte de estados poderosos como Alemania o Francia en la UE colisiona con nuestros intereses y, sobre todo, con el estómago de los españoles.

Si no fuera porque podemos movernos libremente casi diría que España se ha convertido, junto con Italia, Portugal, Grecia e Irlanda, en una especie de ghettos económicos donde a quienes vivimos en ellos nos imponen unas condiciones de vida muy duras, irrespirables, que rozan o sobrepasan los insoportable y que están teniendo un impacto social tremendo.

El modelo de UE actual, nada democrático, donde las decisiones en lugar de emanar del parlamento europeo, lo hacen desde el despacho de la presidenta alemana, Angela Merkel, chocan de lleno con la idea de Unión Europea en la que aspirábamos estar.

¿Es eso verdaderamente lo que queremos todos nosotros? Merkel vela por los intereses de su país primero y por la estabilidad europea en segundo lugar. En España se nos vende que las durísimas medidas que están contribuyendo a la asfixia de los ciudadanos, a la caída del consumo, a que las empresas cierren, a que miles de personas queden en el paro, son necesarias. Pero, ¿por qué? ¿Acaso es dogma de fe?

Está claro que se han cometido errores, que nuestro sistema debe ser revisado, que muchos de quienes nos gobiernan o nos han gobernado han despilfarrado el dinero de todos, y ahora el peso de la responsabilidad cae sobre millones de familias, trabajadores y pequeños empresarios.

Parece que estar en el euro se haya convertido en patente de corso y quien lo rebata está cerca de rozar la herejía. Nadie se ha parado a pensar que los cinco países europeos que más acusan la crisis son precisamente aquellos que tienen al euro como moneda de curso legal, es decir, Portugal, Irlanda, Grecia, España e Italia. A otros países de la UE que no trabajan con el euro parece que no les ha ido nada mal dentro de lo que cabe, como son los casos de Suecia, Dinamarca, Polonia, Reino Unido, etc.

Por tanto, ¿por qué no se debate seriamente en el parlamento español y se somete a consulta a los ciudadanos las ventajas e inconvenientes de seguir con el euro? Los gobiernos de aquí, desde Zapatero a Rajoy, se han convertido en amanuenses de Angela Merkel y quieren ponernos al nivel de países como Alemania sin poder estarlo.

Como decía con la historia inicial, lo que es bueno para Alejandro no tiene porque serlo para Estanislao.

Economía, General, Política española, Política internacional , , , , , ,

Apoyar a los buenos estudiantes de Nairobi

Viernes, 19 de noviembre de 2010

Bella School Nairobi

Hoy viernes, ha sido un día de visitas a cinco familias cuyos hijos estudian en el Colegio Bella de Nairobi. Acompañado por el director del colegio, Vincent, y por los respectivos niños, hemos ido visitando cada casa para conocer la situación real de cada familia y ver de qué manera se les puede ayudar para que sus hijos puedan seguir con sus estudios de forma que la pobreza no suponga una condena de por vida.

Fredrick desea ser ingeniero aeronáutico. Sharon, a sus 7 años, desea ser piloto. Lo mismo que Barbra. Faith quiere ser música y Janet aspira a ser médico. Todos ellos sueñan con escapar de las garras de la pobreza que son bien patentes cuando el CO2 de las lámparas de keroseno, convierten en irrespirable la atmósfera.

Empezaré por referirme a Faith Muthoni. La fecha de nacimiento de ella nadie la sabe. Sus padres adoptivos celebran su cumpleaños el día en que la pequeña entró por vez primera a su hogar, el 22 de junio de 1998.

Para hablar de su padre, Duncam Wainaina, y su madre, Naomi Wanjiku, me faltan adjetivos y no me sobra ninguno. Es quizá una de las historias más impresionantes y más bellas que he escuchado aquí, pero que sin embargo aquí entra dentro de una normalidad que resulta cansina porque no es normal bajo nuestra mirada de “mizungu” procedente de país desarrollado.

Su madre me explicaba como encontró a la pequeña, a sus cuatro meses de vida, abandonada en el bosque de Ngong, cubierta por un paño. Naomi aún recuerda como lo pequeña Faith lloraba hasta que la cogió en brazos, y el calor humano, quizás de quien pensaba que era su madre, consiguió calmar a la niña.

Creo que no pudieron escoger mejor nombre para ella, Faith, Fe, la confianza en el éxito de esta niña de 12 años, brillante estudiante, que sus padres biológicos abandonaron a su suerte, mejor dicho la condenaron a morir, pero que gracias a un hallazgo casual, tiene unos padres y tres hermanos con los que convive ignorando por completo su verdadera historia.

La alegría de Faith invade los rincones de una chabola de cuatro metros cuadrados donde conviven todos los hermanos y los padres. La pequeña Faith se encargó esta mañana a primera hora de recoger los colchones y otros bártulos que había por medio porque había visita y querían recibirnos lo mejor posible.

La amabilidad, la generosidad y la hospitalidad son rasgos definitorios de los habitantes pobres de Nairobi. Pobres en lo económico y en lo material, pero ricos en todo lo demás.

Jorge Mestre con Janet y su madreEso mismo lo he vivido en la casa de Caroline Jemutén, madre de Janet Jebef, dispuesta a compartir su exigua ración de comida con el director de Bella, Vincent, y conmigo. Caroline tiene 32 años, pero la vida le ha castigado de tal manera que aparenta bastante más. Ella sola pelea diariamente por sacar adelante a su Janet de 13 años, y su pequeño Bromwell, de 9 años, trabajando como vigilante de seguridad. Su marido la dejó hace unos cuantos años por otra mujer.

Apenas se le dejaban entrever los ojos de Caroline, inundados de lágrimas, cuando le comuniqué que su pequeña ya tenía patrocinador para que pueda poroseguir sus estudios.Por sólo 180 euros al año, se va a salvar muchas vidas, las vidas de niñas y niños que si no estudian tienen un futuro muy oscuro porque les resultará imposible acceder al mercado laboral.

Fredrick Odhiambo es un chaval de 10 años que también promete. Es el penúltimo de una familia de cinco hermanos. Ferviente seguidor del Manchester, este niño es uno de los que más destacan en el Grado 5 de Primaria de Bella. Su mente es tan despierta que aprende enseguida.

No salgo de mi asombro como estos niños que viven en unas condiciones de grave pobreza, nunca, insisto nunca, se dan por vencidos. No me lo dicen, pero lo veo en su mirada. No están dispuestos a dar su brazo a torcer al fantasma de la miseria, pero para ello necesitan el apoyo de todos nosotros. Por la dedicación de 15 euros al mes, se puede conseguir mucho, ayudar a esta generación de niños y niñas que tienen que ser los artífices de sacar a su país, Kenia, del pozo. Es un dinero destinado a sus estudios, libros, calzado y ropa.

Quien esté dispuesto a saber más de alguno de ellos porque le interesa apoyarlo en su formación, puede mandarme un email a jorge(at)jorgemestre.com y le diré cómo puede hacerlo. Quiero también aclarar que los 15 euros al mes son íntegros para los menores, mejor dicho para que sus padres lo administren, sin los costes burocráticos de ninguna organización de por medio como suele ocurrir en otras ocasiones.

Pero no quiero parecer indecoroso con los otros 45 niños de Bella que en este viaje al que le quedan dos semanas me resulta muy difícil visitar, pero que requieren del respaldo de gente como tú que estás leyendo estas líneas y que quizás piensas lo mismo que yo, que chavales y chavalas que se esfuerzan por estudiar, por crecer y por ser gente honrada, se merecen nuestro apoyo. Ellos no han tenido la fortuna de haber crecido en nuestro país. Si no fomentamos la educación de estos niños, seguiremos perpetuando la existencia de capas de pobreza en las sociedades subdesarrolladas.

Política internacional

Cuando dar de comer resulta ilógico

Martes, 16 de noviembre de 2010

Mis posts de este mes tienen un cariz particular. Como ya comenté a finales del mes pasado, y pese que hay quien me pide que vuelva a tratar temas de análisis de nuevas tecnologías, innovación y comentarios de actualidad, mi presencia en Kenia durante noviembre tiene ocupada mi cabeza en este país, en su situación y en sus gentes.

Hoy, sin ir más lejos, no estoy satisfecho. Estoy disgustado conmigo mismo y tengo mis razones. Este mediodía, en la sobremesa, los niños y niñas del Colegio Bella jugaron con un balón en condiciones, todo un acontecimiento para ellos, pues siempre lo hacen con pelotas improvisadas de papel y celo.

Decenas de niñas y niños se abalanzaron a seguir el balón en un país donde el fútbol capta el interés de los unos y las otras. Pero al rato tuve que dejar que las chicas sintieran sus minutos de gloria con el balón, pues sino no había manera de que pudieran acariciarlo, ante las patadas, empujones y embestidas de los impetuosos chicos.

Todo era un buen presagio que se truncó en el momento en que se me acercó Dorcas, una niña de 10 años, que me quería decir algo ininteligible ante el albedrío montado. No le di importancia. Al poco Dorcas se volvió a acercar a mí, y esta vez sí que pude enterarme de lo que le ocurría. Con sus ojos en lágrimas me dijo que no podía correr tras el balón, que se encontraba mal, que no tenía energía para poder hacerlo. Dorcas tenía hambre, desde ayer no había probado bocado. A Dorcas se le había pasado recoger su ración de ugali y kale del día en el colegio, anoche tampoco cenó y así llevaba 24 horas de un apetito que la estaba consumiendo.

A la pequeña necesitada de alimento, tratamos de encontrarle algo en la cocina, pero verdaderamente no había sobrado nada. De hecho, aquí nunca sobra nada. Un vaso de té caliente, el chai de los kenianos, era el único desahogo que quedaba en el colegio. Pensé entonces que lo más lógico sería comprarle en los alrededores algún tentempié, idea que se convirtió en ilógica cuando me desaconsejaron emprenderla porque eso supondría que mañana, los 200 niños y niñas de Bella vendrían a mí a pedirme comida.

No haber podido saciar el eterno apetito de Dorcas me tiene jodido. Me pregunto si hoy cenará. Si mañana desayunará. Quiero ir a visitar su casa para conocer la situación de sus padres. He pensado en llevarle mañana alguna vianda a escondidas de los demás. No sé qué hacer. Lo que sí puedo asegurar es que el ejemplo de Dorcas es el caso de cientos, miles realmente de menores que viven en Nairobi, pequeños hambrientos, faltos de esa bocanada de energía para poder crecer, vivir y jugar como niños que son.

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