Política internacional

Crece el descontento popular en China


tiananmen_1.jpgMe sigue sorprendiendo una vez más el trato que los medios de información españoles están dando a China. Aquí sólo se habla de China para comentar su vertiginoso crecimiento económico, su potencialidad como mercado, bla, bla, bla, pero nada del descontento popular y de los problemas sociales generados por la dictadura, de su corrupción, etc. Un dato: Durante 2005, hubo 87.000 manifestaciones en China, un 17,4% más que en el año anterior.

En Beijing se han dado cuenta de que el sólo crecimiento económico no es suficiente para mantener la estabilidad y el poder en manos del partido comunista. De hecho, el llamado “gigante asiático” atraviesa por una preocupante situación de  protestas y disturbios en las zonas rurales, debido al descontento de quienes están quedando al margen del crecimiento económico del país, que en definitiva representa a dos de cada tres chinos. Una situación que debiera poner en alerta a todos.

Allí, cuando se enciende una chispa de movilización popular, se emplean tácticas policiales para reprimir las protestas y para silenciar lo ocurrido. Finalmente, existen las palizas, la cárcel e incluso el asesinato para aquellos que sigan protestando.

Por ejemplo, durante la última semana, en la ciudad de Panlong, que ha pasado de ser agrícola a industrial, ha sufrido un fuerte trauma. Los habitantes dicen que dos ciudadanos fueron asesinados por la policía. Uno de ellos, una niña de 13 años que fue golpedada con una porra eléctrica (arma prohibida en España, ¿alguien se acuerda de la muerte en el cuartel de Roquetas?), usada por la policía para disolver una manifestación  local.

Las protestas y el uso de la fuerza por parte de la policía, para detenerlas se están convirtiendo en pan de cada día. A principios de mes, en Dongzhou, unas 30 personas murieron cuando las fuerzas paramilitares de seguridad dispararon contra los manifestantes.

Pocos españoles habrán podido conocer estos hechos con los medios de comunicación  nacionales. Mientras tanto, en Beijing también guardan silencio. El deseo de las autoridades es que los campesinos de todo el país no logren unirse en una causa común.

En un artículo aparecido la semana pasada en The New York Times, un campesino denunciaba que “no nos quedan tierras. Nos han quitado nuestras tierras con una compensación de sólo 700 yuan al año por persona”. Esto es equivalente a cerca de 75 euros.

Hay campesinos que poseen escasa tierra, la cual es expropiada con fines industriales. Los problemas en Panlong así como muchos que ha habido en zonas rurales, comenzaron por la tierra. Muchos campesinos contaron que habían sido engañados por oficiales corruptos que vendieron los derechos de propiedad de la tierra de los residentes.

En China, los campesinos no pueden ser dueños de la tierra que trabajan. Es una dictadura comunista. Por eso, si el gobierno decide venderla para el desarrollo comercial, no tienen nada que decir.

El Gobierno reacciona



Sin embargo, el primer ministro Wen Jiabao, ha reconocido hace dos días que la expropiación de tierras que están llevando a cabo los oficiales que se quieren aprovechar del boom económico chino, está provocando tensiones e inestabilidad entre el campesinado. Esta actitud llegó a tildarla “error histórico” porque amenaza la estabilidad del país.

Sus declaraciones admiten que, a pesar de los esfuerzos por disminuir la brecha económica entre los chinos, no se han logrado las metas propuestas (en el campo se ingresa la tercera parte que en las ciudades). El problema es que no se han buscado las raíces del problema de la desigualdad, y por lo tanto, han surgido los problemas sociales. Además, los oficiales locales actúan con impunidad y no temen a la justicia por la corrupción reinante.

Wen dijo que el rápido crecimiento de China ha llevado a un “uso impudente de la tierra” y al sacrificio de tierra fértil en un país que lucha por producir suficiente alimento para todos sus habitantes, sin tener que depender mucho de las importaciones. De hecho, en 2004, las empresas, edificios, despachos y centros comerciales han consumido el cinco por ciento de toda la tierra cultivable.

Me parece muy interesante el análisis que hace el sociólogo chino Victor Juang que afirma que China dispone de cinco años para solucionar los problemas sociales. De momento la gente no está organizada y no hay fuerza política capaz de utilizar con sus fines tales manifestaciones.

De seguir así las cosas, me atrevo a creer que en 2010 podríamos vivir la caída de la Gran Muralla -hablo en sentido figurado- como detonador de lo que supuso la caída del Muro de Berlín y, por tanto, el fin de la represiva dictadura comunista.

Escrito el por Jorge Mestre en Política internacional, Varios Dame tu opinión

China suspende en libertades y… Sanidad


Jin Guilian, tras un infarto, con gotero en su casaLeía este sábado en The New York Times un artículo muy interesante sobre la realidad china, es decir, del modo en que el despegue chino ha impulsado una bipolarización del país. Por un lado, encontramos un mundo urbano cada vez más pudiente, el que conocemos por las noticias, y otro rural, cada vez más pobre y miserable.

Estos contrastes de la dictadura comunista son desconocidos en España. De hecho, cada año, cientos de millones de chinos se enfrentan al dilema de salud y pobreza. Procedentes de las áreas rurales, saben que para tratar las enfermedades tendrán que destinar un dinero que también necesitan para comer.

Que a estas alturas el país tenga una Sanidad tan precaria es tan significativo como lo es su despegue económico. Hasta comienzos de la era de las reformas económicas, en la década de los 80, el sistema público de salud funcionaba muy bien. Prueba de ello fue que de 1952 a 1982 la tasa de mortalidad infantil se redujo del 200 por mil al 34 por mil y que la esperanza de vida pasó de los 35 a los 68 años.

Sin embargo, desde entonces China ha privatizado amplias franjas de la economía, ha disuelto las comunas y ha desviado los recursos públicos de salud de las zonas rurales a las ciudades. Los hospitales también empezaron a cobrar los medicamentos y muchos de los tratamientos sobre sus pacientes.

Además, los salarios del personal médico se vincularon a la cantidad de ingresos que recibían sus hospitales, lo que llevó a muchos médicos abandonar las ciudades y dejar a la población campesina abandonada a su suerte.

Incapaces de poder pagar el cuidado adecuado, el primer recurso de muchos campesinos es adquirir cualquier medicamento con la idea de que sólo así aliviarán su enfermedad. Sin embargo, el enfermo empeora y en otras ocasiones acaba contagiando a sus semejantes.

Cuentan el caso de Jin Guilian, un campesino enfermo del corazón, que tuvo que abandonar el hospital por falta de dinero con el que costear su estancia y, como se ve en la foto, está con un gotero en su casa a medida que pasan lo días y su salud empeora. Para costear su operación cardíaca debía abonar 10.000 dólares cuando estaba ganando cinco euros diarios. Esa es la realidad de China. No estamos ante un país que despega en todos los sentidos. Lo hace su economía mientras sus poblaciones rurales empobrecen por segundos, por lo que empieza a ser hora de que desde organizaciones internacionales, UE u otros países se le exija el cumplimiento del deber de asistencia y auxilio a sus ciudadanos.

Escrito el por Jorge Mestre en Política internacional, Varios Dame tu opinión

España investigará el genocidio en el Tíbet


audienciaa.jpgMe alegra saber que la justicia española no hace distinciones a la hora de juzgar crímenes contra la humanidad. Por un tiempo pensé que el antiamericanismo latente en la sociedad española hacía que aquí sólo se investigara a dictadores derechistas como Pinochet o el caso de la muerte de José Couso en Irak por parte de los EE UU. Pese a que el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, se opuso en un primer momento, el citado tribunal se ha declarado competente en investigar el genocidio durante 50 años que viene cometiendo China en el Tíbet. Sí, esa dictadura comunista recibida hace tres meses por el presidente Zapatero y, a la que salvo pequeños grupos manifestantes, nadie le recordó que su país pisotea los derechos y libertades de su gente. Siempre pienso que es una lástima que se hable tan poco de la causa del Dalai Lama, jefe de Estado en el exilio del Tíbet, cuando sus métodos siempre han sido pacíficos, frente por ejemplo a la causa palestina de la que se habla a diario y ha tenido habitualmente tintes violentos.

Escrito el por Jorge Mestre en Política internacional, Varios Dame tu opinión
  • Puedes contactar conmigo a través de este formulario→