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¿Podría haber sido Steve Jobs español?

Lunes, 24 de octubre de 2011

silueta steve jobs manzana apple
No se trata de una pregunta con doble intencionalidad. Este interrogante no cuestiona la posibilidad de que el recientemente fallecido Steve Jobs pudiera haber nacido en España, sino si el personaje, el empresario y emprendedor podría haber conseguido sus hitos empresariales desde España.
Esta pregunta podría ser contestada con vagas respuestas que no servirían para aclarar nada, pero por diversas razones sobre las que he estado reflexionando en los últimos días, me atrevo a decir que en España habrían pasado más de 20 años desde los que Jobs hubiera caído en desgracia.
Un autor de cabecera de políticos como Bill Clinton, me refiero a Malcolm Gladwell describió en su reconocida obra Outliers como algunos individuos alcanzaron el éxito a través de sus trabajos. En uno de los capítulos analiza el éxito de empresarios de las nuevas tecnologías como Steve Jobs y Bill Gates para decir de ellos que la línea de tiempo en la que ambos nacieron, a mediados de los años 50, les brindó una ventaja competitiva sobre el resto de emprendedores.
Pero aparte de las circunstancias de nacimiento y momento histórico, la ubicación y los factores externos también contribuyen hacia el éxito o fracaso de todo proyecto emprendedor, y en el caso de Steve Jobs, no hubiera sido lo mismo de haberse desarrollado en España.
Según el estudio del Banco Mundial Haciendo negocios 2011, en Estados Unidos se necesitan 6 días y 6 procedimientos legales para arrancar una empresa, comparado con los 47 días y 10 procedimientos legales que se necesitan en España. Pero no sólo eso. Los Estados Unidos es el quinto país del mundo donde más fácil resulta hacer negocios, o donde se puede triunfar como emprendedor. España queda a una larga distancia de dicho país al ocupa una poco meritoria 49ª posición, por detrás de países como Lituania, Armenia o Chile.
Y es aquí donde radica uno de los grandes males de nuestra economía. Estados Unidos es una sociedad que permite y capacita al inventor y al innovador; una sociedad que permite que hombres y mujeres materialicen sus sueños, transformando sus ideas en un nuevo negocio o incluso en una nueva industria que puede cambiar al mundo.
La economía estadounidense está basada en el capitalismo emprendedor. Hace 15 años, dos de sus más grandes multinacionales, Google y Facebook, no existían. Mientras que en Europa sólo el 5% de las empresas creadas en los últimos años forma parte de la lista de las mayores 1.000 corporaciones de la UE por capitalización bursátil, en EE UU esta cifra alcanza el 22%.
El país norteamericano ama a sus emprendedores y les concede las mayores recompensas que en ningún otro país del mundo. De hecho, muchos de los ciudadanos más ricos del mundo son emprendedores estadounidenses. Desde el clásico Bill Gates, al billonario más joven del mundo, Mark Zuckerberg, creador de Facebook.
Los jóvenes americanos son educados en los colegios con las historias de sus inventores, como Benjamin Franklin, o a sus innovadores y emprendedores, como Thomas Edison. La tremenda consideración con sus emprendedores tiene como consecuencia que muchos jóvenes americanos sueñen con ser el próximo Bill Gates o Steve Jobs.
El presidente Obama explicaba recientemente que lo que mejor que hacen en los Estados Unidos es transformar ideas en inventos e inventos en industrias. Esta ha sido una de las razones de la fortaleza económica del país en los últimos 200 años, la capacidad de tomar ideas y transformarlas en compañías e industrias nuevas.
Las empresas estadounidenses tienen una libertad inusual para contratar y despedir trabajadores, y sus ciudadanos tienen una fe en sí mismos inusual, basada en la idea de que su destino está en sus propias manos. Se sienten cómodos con la toma de riesgos, idea clave en todo emprendimiento.
Allí, las recompensas por el éxito pueden ser enormes y los castigos por el fracaso a menudo son triviales. En otros países, como España, la quiebra significa la muerte social. En Estados Unidos, particularmente en Silicon Valley, representa una insignia de honor.
Poco es conocido que los éxitos de Steve Jobs se edificaron sobre sus fracasos anteriores. En 1985, la industria del ordenador personal vivió una época de caída de ventas y las quejas en el interior de Apple sobre Jobs fueron en aumento hasta que el consejo de administración decidió despedirlo.
Quienes le visitaron días después describen que nunca le habían visto tan deprimido. A partir de entonces el fundador de Apple dudaba sobre qué hacer con su vida. Se planteó establecerse en la Unión Soviética para promover el uso del ordenador o incluso de entrar en política.
Pero por encima de todo, Jobs quiso demostrar que sus éxitos anteriores no habían sido hechos fortuitos. Tenía la esperanza de demostrar que podía hacerlo de nuevo. A partir de entonces ya son conocidas sus aventuras en NeXT, Pixar y su regreso a Apple.
La historia empresarial está llena de casos donde las segundas oportunidades demuestran que pueden merecer la pena. Thomas Edison naufragó en 10.000 experimentos antes de dar con el filamento ideal para su bombilla incandescente. Incluso Google, el gigante de Internet, ha tenido fracasos sonados. Ser emprendedor no tiene nada que ver con lograrlo a la primera, sino en volver a intentarlo.
En EE UU, un emprendedor tiene 3,75 fracasos de media antes lograr un triunfo. Aquí en España, la carrera de Jobs hubiera terminado cuando fue despedido de Apple. Todo el entorno lo habría tachado de fracasado, y es el miedo al fracaso una de las eternas asignaturas pendientes del modelo español que requiere cambios hasta en el sistema educativo para premiar y reconocer el esfuerzo.
En EE UU existe un entorno de políticas públicas que permite a los emprendedores tomar riesgos, crear empresas, e incluso fracasar sin arruinarse. Y es que tienen asumido que el fracaso es crucial para obtener éxito, porque allí existe una cultura fijada más sobre el aprendizaje que sobre resultados.
Si las personas que están al frente de un proyecto, como ocurre en España, deben pagar con su patrimonio personal tras un primer fracaso, ¿quién apostará por ser emprendedor? Por tanto, no nos llevemos las manos a la cabeza cuando conocemos estudios que afirman que un 72% de jóvenes desea ser funcionarios en España frente a un 4% que aspira a crear su empresa. Es la respuesta lógica a este sinsentido imperante en nuestra sociedad.
Urge por tanto cambios legislativos que limiten de verdad la responsabilidad de los emprendedores y no acaben por convertirlos en los paganos de la economía del país olvidando que el emprendedor es quién se juega su dinero, quien crea empleo y hace avanzar una economía.
La recesión se ha llevado por delante una de cada diez empresas que tenía este país hace cuatro años, a razón de 264 cierres diarios, con los perversos efectos mencionados que ello provoca en sus emprendedores.
Estoy convencido, por todo ello, de que habrá ahora más de un Steve Jobs en España, pero no se les facilita desarrollar su talento y ahí están, como otros tantos emprendedores frustrados que no pueden llevar a cabo sus proyectos por la represión de un sistema cortoplacista, miope, que se llena la boca de halagos hacia los emprendedores cara a la galería, pero que realmente vive obsesionado por el potencial recaudatorio de cada emprendedor antes que recompensar su capacidad de creación.

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Apple no se rinde con el iPod

Jueves, 2 de septiembre de 2010

Hace casi un año que escribí sobre la muerte del iPod y un año después me ratifico en lo dicho. Pese a que Steve Jobs haya presentado esta semana el nuevo diseño del reproductor mp3, ni me sorprendo, ni me inquieto.

Siento una admiración personal por Steve Jobs, como emprendedor y como persona, lo considero uno de los protagonistas de la revolución tecnológica de los últimos 25 años, un visionario sobre la usabilidad de los sistemas operativos, la intuición en su manejo, por acercar los ordenadores a millones de personas y ser capaz de hacer de su marca un objeto de culto para esa legión de applemaníacos que consumen toda las novedades que el “mesías” Jobs presenta durante el año. A Jobs se le debe mucho por haber revolucionado también la industria musical y haber demostrado que la música digital puede generar negocio a los artistas y satisfacción a los usuarios.

Sin embargo, ese empeño que tiene Steve Jobs de querer reinventar la rueda año tras año, con toda su maquinaria de marketing detrás, me resulta cansino. El iPod no tiene más recorrido que el que tuvo hasta hace nada. Los reproductores mp3 se pueden fabricar de mil maneras y, año tras año, Jobs nos muestra una manera de hacerlos que hasta ahora fue muy similar y que ahora es completamente diferente.

Tengo en casa una colección de tres modelos diferentes de iPod Nano, aquel primero que salió en 2001 con pantalla en blanco y negro, otro con la pantalla a color y el último lo adquirí hace un año, en un arrebato compulsivo, mientras mataba el tiempo en el aeropuerto londinense de Gatwick. Me salió muy barato, pero con el tiempo me ha salido caro.

Yo soy de los que piensa que Apple ha de reconocer que los sistemas de reproducción musical sin descarga, como Spotify, son la opción más viable en estos tiempos. A mi no me importa pagar los 9 euros de la tarifa premium de Spotify porque del uso que le doy, acaba echando humo.

Para mí, como imagino que para muchos de los que leéis estas líneas, el iPod era una buena solución para ir de viaje, de camino al trabajo o cuando salía a correr, pero desde hace tiempo que con Spotify tengo cubiertas mis expectativas. Hace unas semanas que he intentado combinar en mi Androide sobre el HTC Hero, Spotify junto con Runkeeper, esta última una estupenda aplicación que te conecta a través del GPS del móvil con Google Maps y te calcula tu velocidad media, distancia recorrida exacta y te permite configurar tus rutas. Pero Steve Jobs no me puede dar con su iPod todo eso. Pero ni a mí, ni a muchas personas.

Leo el dato de que Sony acaba de romper la hegemonía de Apple en venta de reproductores musicales en Japón, liderazgo que tenía desde 2005. Lo que le ha pasado a la empresa de Jobs es que muchos de sus usuarios han migrado al iPhone, algo similar a lo que ocurre en el resto de países del mundo y que supone una tendencia generalizada. Los usuarios se decantan cada vez más por escuchar música en los teléfonos móviles, a pesar de Telefónica y de sus intentonas por acabar con la tarifa plana y hacer negocio con quienes usamos el móvil para escuchar la música vía streaming.

La duda que me queda es si en septiembre de 2011, Steve Jobs persistirá con el iPod. Mi estrategia sería que intentase migrar sus clientes de mp3 hacia la telefonía móvil para no canibalizarse en exceso y seguir perdiendo ventas.

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Kindle frente al iPad

Domingo, 15 de agosto de 2010
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