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Niños atormentados | El blog de Jorge Mestre

Niños atormentados


2887.jpgEl pasado jueves, 9 de marzo, leía un artículo en NYT muy interesante de Bob Herbert que he querido aquí reproducir a raíz del maltrato infantil. Mientras que en España todo estalló la semana pasada con la pequeña Alba de Barcelona, en EE UU asisten atónitos a casos dramáticos que azotan a cientos de niños en las últimas semanas.

Sin embargo, y a diferencia del caso español, allí nadie se pone a distinguir el género del maltratador infantil. En nuestro país, se intenta entremezclar con sutileza con la violencia de género. Cuando la verdad es que en la mayoría de casos de maltrato infantil, los verdugos suelen ser los dos progenitores o el progenitor custodio.

Recomiendo la lectura del artículo de Herbert que se puede trasladar sin ningún problema al caso español:

“Los dos adultos habían consumido heroína. Mientras los niños sufrían y morían, ellos estaban recostados en la cama en un sueño profundo provocado por la droga. Ambos han aceptado ahora su culpabilidad en las muertes y han sido encarcelados.

Hace muchos años que he estado leyendo y escribiendo historias como ésta. Con cierta frecuencia, aparece en portada algún horrible caso de abuso infantil y la exclamación de horror es siempre la misma: ¿Cómo pudo pasar esto? ¡Encierren a los monstruos que son responsables de esto! Investiguemos y reformemos el sistema de protección de menores.

Sin embargo, con el tiempo las historias pierden fuerza, se esconden, como si hubiese desaparecido el abuso al que está sometido el niño, en cámaras de tortura en sus propios hogares. Pero el naltrato infantil es un problema terrible, crónico y muy extendido en EE UU. A pesar de los casos que acaparan las portadas de los diarios, el problema no tiene la suficiente cobertura. Lo que le hacen algunos adultos a los niños parecen reminiscencias de conductas propias de la Inquisición.

Según el Departamento de Salud de EE UU, en 2003 murieron cerca de 1.500 niños por abuso o negligencia. Eso significa, cuatro niños al día y quizá más, porque hay estados es que la documentación no es muy fiable.

En Michigan, por ejemplo, las autoridades dieron a conocer un horroroso caso de un niño de 7 años, Ricky Holland, que le suplicó a la enfermera del colegio que no lo enviara de vuelta a casa con sus padres adoptivos. “Déjeme quedarme en el colegio” le suplicaba.

A los pocos días, fue asesinado con golpes de martillo y arrastraron su cuerpo ensangrentado y lo metieron en una bolsa de basura. Los cargos por asesinato recayeron sobre sus dos padres.

Los casos de muerte no alcanzan a reflejar la enormidad del problema. En 2003, se denunciaron 3 millones de casos de abuso infantil o negligencia. Un millón de ellos fueron comprobados por las autoridades. Por contra, no se conoce la cifra real, ya que muchos no son denunciados y esa cifra sólo se puede tratar de conjeturar.

Lo que me llama la atención es que llevamos tanto tiempo oyendo sobre estos casos y la reacción inmediata sigue siendo la misma: shock. ¿Cuántas veces más vamos a conmocionarnos antes de que se tomen las medidas necesarias para aliviar el sufrimiento y prevenir la muerte de estos niños?

Sabemos algunas cosas sobre el maltrato y la negligencia hacia los niños. Sabemos, por ejemplo, que hay una conexión profunda entre el abuso infantil y el consumo de drogas. Sabemos que es más probable que ocurra un maltrato en hogares de escasos recursos, más aún cuando quienes están a su cargo, están desempleados.

La probabilidad de maltrato también aumenta cuando hay situaciones de crisis en los hogares, y quienes han sido abusados de niños, son proclives a convertirse en maltratadores.

Los programas de prevención del abuso infantil y los servicios de protección de menores son inadecuados e ineficientes. Muchas veces están sobrecargados y las medidas son inaplicables. El sistema de protección de menores se ha echado a perder -o quizá nunca funcionó como debería- en muchos estados.

Según Marcia Robinson Lowry, directora ejecutiva de Children’s Rights, grupo defensor de los derechos de menores, “Cuando se quebranta la ley, no hay consecuencias”.

En general, los niños maltratados pertenecen a la clase social de menores ingresos. No pertenecen a familias que tengan la costumbre de votar. Desgraciadamente, la falta de incentivos hace que para los políticos no sea una prioridad elaborar programas para la protección de los pequeños. Los niños, en definitiva, se han quedado solos porque no votan.”

Escrito el por Jorge Mestre en Varios 24 Comentarios

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